sábado, 7 de diciembre de 2019

No Te Detengas

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros «poetas muertos»,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los «poetas vivos».
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

lunes, 29 de abril de 2019

El león va a la guerra. Fábula sobre el liderazgo para niños

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Estaba el león, el rey de la Selva, preocupado: otros animales de una zona limítrofe, les acababa de declarar la guerra. Sin embargo, el león, un fabuloso líder entre el resto de animales, tenía un plan, y reunió a todos sus súbditos:
– ¡Amigos! Un rey vecino nos acaba de declarar la guerra. Está bien, nos defenderemos. Pero no os preocupéis, porqueentre todos formaremos el mejor ejército.
El león, pidió ayuda a su consejero, el mono. Entre los dos, comenzaron a organizar a todos los animales para formar un poderoso ejército. Y así, fueron llamando a cada animal para explicarle cuál sería su misión según las cualidades y habilidades que tenía.
– Elefante, ven aquí- dijo el león- Tú eres muy fuerte, y serás muy útil para llevar todas las municiones. Piedras, troncos de árboles. ¡Vendrá fenomenal tu fuerza!
– ¡Sí!- contestó el elefante- ¡Yo llevaré todo lo que haga falta!
– Serpiente, tú serás la encargada de espiar al enemigo- le explicó el león- Eres silenciosa y podrás colarte por cualquier lugar para averiguar cuál es la estrategia de nuestro enemigo.
– ¡Me encanta esa tarea!- dijo la serpiente.
– Vosotros, zorros, os necesito- continuó hablando el león- Sois los más astutos de entre todos los animales. Quiero que me propongáis estrategias y tácticas de asalto para vencer la guerra.
– ¡En seguida nos ponemos a pensar en ello!- contestaron los zorros.
– Y vosotros, los osos- dijo el león- Con vuestra fuerza y agilidad podréis trepar por los muros cuando nos impidan el paso.
– ¡Eso está hecho!- dijeron los osos.

El mono le explica al rey que tienen un problema

Y así, uno tras otro, cada animal fue recibiendo un cometido. Hasta que el consejero del rey, el mono, le dijo al león:
– Majestad, tenemos un problema…
– ¿Y cuál es el problema?- preguntó el león.
– Tenemos dos animales que no nos sirven para nada… podríamos inventar cualquier excusa para mandarles para su casa.
– ¿Y qué animales son esos?- preguntó intrigado el león.
– El burro y el conejo- contestó el mono- Ninguno de los dos nos sirven… El burro es muy tonto, majestad, y el conejo demasiado pequeño y débil.
– Estás equivocado- dijo algo enfadado el león-. Escucha bien: todos los animales sirven para algo. El burro y el conejo, también- Y, diciendo esto al mono, llamó a los animales.
– Burro, tú serás el encargado de llamar a todos los animales a formar cuando yo te lo diga. Tu vozarrón es incluso más poderosa que la mía.
– ¡Fantástico!- dijo el burro.
– Y tú, conejo, eres tan rápido que me resultas de gran ayuda para llevar los mensajes de un lado a otro. Serás el mensajero y tu trabajo es de vital importancia.
Los dos animales sonrieron agradecidos. El mono, agachó la cabeza apesadumbrado: acababa de recibir una gran lección del león. Por algo era el mejor líder, el rey de la selva.
Moraleja: Lo que parece un defecto puede que sea una virtud. Solo el buen líder es capaz de verlo.

Fuente: https://www.tucuentofavorito.com/el-leon-va-a-la-guerra-fabula-sobre-el-liderazgo-para-ninos/

domingo, 28 de abril de 2019

EL SALÓN DEL SOL: CUENTO DE PERSEVERANCIA

Adela no era como las demás niñas. No le gustaban las muñecas ni los juegos de té. Le fascinaban los modelos para armar, los trenes eléctricos y los rompecabezas. Un día, por un anuncio, se enteró de la gran noticia: ¡Ya estaba a la venta el rompecabezas más grande del mundo! Tenía 24,000 piezas, medía cuatro metros de largo y presentaba imágenes de todo lo más hermoso que hay.
Cuando cumplió diez años, su padre, don Amado, lo encargó de Europa y se lo regaló. También acondicionó una gran habitación de su casa en el centro de Guanajuato en la que entraba mucha luz y colocó una mesa del tamaño apropiado para el trabajo: “Éste es el salón del sol”, le dijo al invitarla a pasar; juntos abrieron la caja y seleccionaron las piezas de las orillas a lo largo de veinte meses. Don Amado murió cuando Adela tenía dieciséis años; regresando del entierro, sin pensarlo, ella siguió con el rompecabezas, que apenas tenía una quinta parte completa.
Permanecía horas en el salón del sol y mientras seleccionaba las partes de color igual, recordaba a su padre. A los veinte, al regresar del internado, besó a su madre, a sus hermanos, y fue corriendo al salón. Dedicaba cualquier rato libre a completar la tarea que había iniciado en su infancia. Cuando el guapo Martín le propuso matrimonio ella le planteó una condición: “Sí, mi amor, pero ayúdame a buscar la cabeza de la cebra, que no hallo”.
Nacieron sus hijos: tantito los arrullaba y los amamantaba, tantito colocaba nuevas piezas. Cuando Martín chico comenzó a caminar ya había completado los peces. Cuando Amelia salió de primaria alcanzaba a verse el arco-iris. Ernesto se graduó y ayudó a su madre con la ciudad sumergida. “¡Es la Atlántida!” dijeron y se abrazaron emocionados al reconocerlo. A los cincuenta años Adela enfermó de gravedad. El médico le recomendó reposo y, aunque se sentía débil, a diario pasaba unas horas entregada a su tarea. Sus nietos eran pólvora… Adela temía que perdieran piezas; sin embargo, cariñosamente guiaba sus manos (sucias de tierra y caramelo) para que colocaran alguna en su lugar.
Cuando enviudó sólo faltaban detalles. Sin querer humedecía las piezas con sus lágrimas y las secaba con el pañuelo. Su vista se nublaba, pero sus dedos reconocían los contornos. Habían pasado sesenta años desde el día en que don Amado le llevó el regalo y ya podía verse todo: los animales, los globos, los veleros, las águilas, los planetas… Sus manos temblorosas alcanzaron a completar la Luna. Faltaba sólo una pieza, la punta del ciprés, cuando doña Adela quedó dormida para siempre sobre ese mundo. Ángel, su nieto, la encontró así aquel mediodía en que el salón del sol parecía hecho sólo de luz. Puso en su lugar la última pieza y acarició a la abuela. Dice que ahora vive en la isla, en la casa de tejado rojo que hay en el centro de la imagen, entre los árboles y el faro que ella construyó a lo largo de su vida.

lunes, 4 de febrero de 2019

El Vuelo de la Mariposa

Mi madre era hija de una pareja de campesinos. Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno, vio un capullo de gusano colgado de un tallo quebrado. Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a casa y adoptarla para su cuidado. Al llegar la puso bajo una lámpara para que le proporcionase calor y la puso bajo una arrimó a una ventana para que el aire no le faltara.
   Durante las siguientes horas mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento, Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la jovencita vio cómo el capullo se rasgaba y una patita larga y velluda asomaba desde dentro. Todo era mágico y mi madre nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro, Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia. La pequeña mariposa parecía no tener la fuerza suficiente para romper el tejido de su cápsula. Por más que hacía fuerza no conseguía salir por la pequeña perforación de su efímera casita. Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Corrió hacia el cuarto de las herramientas y regresó con un par de pinzas delicadas y unas tijeras largas, finas y afiladas que mi abuela usaba en el bordado. Con mucho cuidado, para no tocar el insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó tambaleándose hacia la luz de la ventana. Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en su vuelo inaugural.
   Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando con la punta de las pinzas la rozó suavemente. Pensó que estaba asustada con su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, con la seguridad de que no la encontraría al regresar. Después de jugar toda la tarde, mi madre volvió a su cuarto y encontró junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo y las patitas tiesas hacia el techo. Mi madre siempre nos contaba con qué angustia fue a llevar el insecto a su padre, para contarle todo lo sucedido y preguntarle qué debería haber hecho para ayudarla mejor. Mi abuelo, que al parecer era uno de esos analfabetas que anda por el mundo, le acarició la cabeza y le dijo que no había nada más que debiera haber hecho, que en realidad la mejor ayuda hubiera sido hacer menos y no más.


   Las mariposas necesitan de ese enorme esfuerzo que significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo expandir sus alas porque mi madre no la había dejado luchar por su vida. Mi madre siempre nos decía que muchas veces le hubiese gustado allanarnos el camino, pero recordaba a su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón.

viernes, 1 de febrero de 2019

LA TRAMPA PARA RATONES

Érase una vez en una granja un ratón escondido en un agujero en la pared. Un día, mientras se asomaba hacia la cocina, vio como el granjero y su esposa organizaban los artículos que acababan de comprar. El ratón enseguida se dio cuenta de que algo iba mal. Habían comprado una trampa para ratones.
Asustado, se volvió a meter en su escondite y de allí corrió a toda velocidad a avisar a los animales de la granja. Pero le recibieron con indiferencia. “Han comprado una trampa para ratones”, le contó a la gallina. El ave se rió. “Lo siento por ti, amigo ratón, pero a mi eso no me preocupa”. Entonces el roedor acudió al cerdo. “Tienen una trampa para ratones”. Y el cerdo le dijo: “tienes mala suerte, rezaré para que no te pase nada”, pero tampoco le hizo más caso. El ratón fue entonces a ver a la vaca, y esa tampoco se inmutó por la noticia: “pequeño ratón, soy una vaca, no tengo nada que temer de una trampa para ratones”.
El diminuto roedor se fue triste de vuelta hacia su escondrijo, determinado a enfrentarse solo a los peligros de la máquina infernal. Durante la noche el ruido característico del resorte de una trampa rompió el silencio. La mujer del granjero se levantó inmediatamente para comprobar cual había sido la presa. Pero con las prisas, no tuvo cuidado y no se dio cuenta que lo que la trampa había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. El animal furioso mordió a la granjera.
El granjero llevó a su mujer rápidamente al hospital, del cual volvió con una pequeña fiebre. El hombre pensaba que el mejor remedio contra la fiebre era un buen caldo de gallina, así que cogió su hacha y fue a matar a la gallina. Pero la mujer no mejoraba. A medida que su salud iba empeorando, los amigos de la pareja se acercaron a visitarla, y para darles de comer el granjero tuvo que matar al cerdo. Finalmente la mujer murió, y tantas personas vinieron al funeral que al hombre no le quedó más remedio que sacrificar a la vaca para poder tener carne suficiente para todas.
El ratón presenció todos los acontecimientos con gran tristeza. Sus amigos no se dieron cuenta de que cuando un peligro acecha a un solo miembro del grupo, todos están en peligro.
Moraleja: no creas que un evento no vaya contigo porque no te afecta directamente. El mundo es complejo, y todos estamos relacionados por vínculos a veces invisibles. Si uno está en peligro, todos lo están. La solidaridad y la ayuda mutua son el mejor camino para enfrentar los problemas. No dudes en ayudar a tu proveedor, a tu cliente o incluso a la tienda de enfrente, esa que aparentemente no tiene nada que ver contigo. Porque ya sabes: hoy por ti, mañana por mí.

miércoles, 23 de enero de 2019

LA CUCAÑA IMPOSIBLE

En un pueblo, un día se organizó una gran prueba. Se instalaron cincuenta mástiles de madera lisos de 10 metros de altura que luego se cubrieron de grasa. El reto para los participantes consistía en llegar a lo alto de la cucaña alzando una carga adicional equivalente al peso de cada individuo.
Viendo la dificultad de la prueba, los habitantes del pueblo miraban a los participantes y comentaban en voz alta: “eso es imposible, ninguno lo puede conseguir, no pasarán de dos metros”.
A medida que los 50 candidatos intentaban desesperados trepar por el palo y no conseguían elevarse, las afirmaciones del público cogían más fuerza: “veis, no lo va a conseguir nadie, esta prueba es imposible”.
Rápidamente, la mayoría de los participantes dejó de intentarlo. Pero un grupo de una decena conseguía muy poco a poco elevarse con su pesada carga a lo largo del mástil resbaladizo.
Viendo el tremendo esfuerzo de los que seguían, el público volvió a hablar. “Apenas han ganado terreno. Se están cansando para nada. Estos mástiles son demasiado largos. Nadie lo puede conseguir”.
A los pocos minutos, casi todos los candidatos que quedaban se desanimaron y abandonaron. Solo quedo un hombre. Bajo las miradas atónitas del público, un señor de pequeña complexión avanzaba poco a poco y con gran esfuerzo hacia la cima.
Cuando llegó a mitad de camino, mostrando un gran cansancio, los espectadores comentaban: “Ha demostrado ser valiente. Que pena que no le vaya a servir para nada. Ya está muy cansado. Debería dejarlo ya. Mejor abandonar ahora que cuando este totalmente agotado y se arriesgue a caer y herirse”.
Pero el hombre siguió, y después de un tremendo sacrificio, consiguió llegar a lo alto del mástil. Cogió la bandera que representaba su logro y se dejó deslizar hacia abajo.
Enseguida la muchedumbre le rodeó y le preguntó: “¿Cómo lo ha hecho?
El hombre no respondió. Era sordo.
Enseñanza:
No dejes que los demás te digan lo que puede hacer y lo que no puedes. Recuerda este videode “La búsqueda de la felicidad”. Los emprendedores saben muy bien a que nos referimos. Cuando quieras lanzar tu proyecto muchas de tus personas más cercanas intentarán desanimarte, con buena fe, porque piensan que no lo puedes conseguir. Haz un ejercicio de autoconocimiento y valora si te sientes preparado o no, pero no hagas caso a los demás.

martes, 22 de enero de 2019

Los tres hijos del Rey


Esto era un Rey que tenía tres hijos. Como era ya viejo quería elegir al más listo de los tres para nombrarle su heredero.

Entonces dijo el Rey al hijo mayor:

-Mañana, al amanecer, saldré cabalgando por mi reino. Quiero que me acompañes.


Al día siguiente se presentó el mayor en la cámara real, pero no tan temprano como le había mandado.

-Quiero vestirme -dijo el Rey.

El hijo mayor buscó al criado, pero el criado no sabía qué vestido quería ponerse el Rey. El mayor volvió a la cámara real y lo preguntó.

-El verde -dijo el Rey-.

El hijo mayor dijo al criado que el Rey quería el vestido verde, pero el criado no sabía qué manto quería ponerse el Rey, así que el mayor volvió a la cámara real y lo preguntó.

-El blanco -dijo el rey.

Lo mismo pasó con los pantalones y las babuchas, hasta que el criado trajo toda la ropa y ayudó a vestirse al Rey. Y cuando estaba ya vestido y calzado:

-Quiero un caballo -dijo el rey-.

El hijo mayor fue a las cuadras y dijo al caballerizo que preparara un caballo para el Rey, pero el caballerizo no sabía qué caballo debía preparar, así que el mayor volvió a la cámara real y lo preguntó.

-El negro -dijo el Rey-.

El hijo mayor dijo al caballerizo que el Rey quería el caballo negro, pero el caballerizo no sabía qué montura debía colocarle, así que el mayor volvió a la cámara real y lo preguntó.

-La de oro -dijo el Rey-.

Lo mismo pasó con las espuelas y las riendas, con la espada y el escudo.

Cuando ya estuvo todo dispuesto:

-Cabalga tú -dijo el Rey-, recorre la ciudad y dime a la vuelta lo que hayas visto.

El hijo mayor salió de palacio, montado en el caballo negro, y acompañado por muchos caballeros y guerreros que tocaban tambores y trompetas.

-¿Qué te ha parecido? -le preguntó el rey a su regreso.

Y el hijo mayor le respondió que las trompetas y tambores que le acompañaban, metían mucho ruido.

Al día siguiente mandó llamar al hijo segundo y le hizo todas las pruebas que le había hecho al mayor, y el mediano a todo respondió lo mismo.

Al día siguiente mandó al hijo menor que fuese a su cuarto muy temprano. Y el menor madrugó y entró en la cámara real cuando el Rey dormía aún y estuvo muy callado esperando hasta que despertase.

-Quiero vestirme -dijo el Rey-.

El hijo menor preguntó entonces por el traje que deseaba ponerse, y también por el manto, los pantalones y las babuchas y fue a buscarlos y él mismo lo trajo todo, de un solo viaje. No quiso llamar a ningún criado, sino que él también le ayudó a arreglarse. Y cuando estaba ya vestido y calzado.

-Quiero un caballo -dijo el Rey-.

El hijo menor preguntó qué caballo quería que le preparase y con qué montura. También se informó del freno, las riendas, la espada y el escudo y hasta qué caballeros y soldados debían escoltarle. Y así, de una sola vez, lo preparó todo.

-Cabalga tú -dijo el Rey- recorre la ciudad y dime a la vuelta lo que has visto.

El hijo menor salió de palacio, montado en un caballo blanco y acompañado por muchos caballeros y soldados, que tocaban tambores y trompetas. Hizo callar la música y vio toda la ciudad, recorriendo sus calles, visitando las murallas y subiendo a sus torres. Cuando volvió era muy tarde.

-¿Qué te ha parecido? -le preguntó el Rey.

-La ciudad es fuerte y muy rica, pero la muralla está derrumbada por la parte del río y por allí podrían entrar los enemigos.

El hijo menor fue contando todo lo que había visto y oído durante su visita a la ciudad. Finalmente, el Rey eligió al hijo menor como su heredero, después de comparar las señales que vio en los otros y en este. Y, cuando subió al trono, fue un gran Rey. El más poderoso de todos los reinos moros.

domingo, 20 de enero de 2019

La Flor Que Queria Volar

Florinda era una planta muy hermosa de grandes flores blancas y hojas verdes, verdes color menta muy luminosas y fuertes. Una mañana una nueva flor nació y desde ese momento para Florinda todo fue diferente.

La bella flor repetía constantemente:

-Muchas gracias Florinda por hacerme florecer pero no quiero estar aquí parada en una rama, quiero volar. 

Florinda al principio le contestaba:

-Querida flor nuestra misión es dar alimento a las abejas, a la tierra, a las hojas y dar belleza, ya lo entenderás más adelante.

La flor no conseguía acostumbrarse a estar colocada en su rama y de repente una noche Florinda escuchó un ruido en las sombras, Uwiii, Uwiii…. ¿Qué será este ruido? Florinda revisó todas sus hojas, sus ramas y sus flores y encontró la respuesta. La nueva flor lloraba desconsolada apoyando los pétalos sobre su rama. Florinda ya sabía lo que le pasaba y decidió ayudarla, no quería verla así.

-¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?

Florinda tuvo una idea dos noches después, cuando se encontró a un pájaro rodeando sus hojas y sus flores, lo llamó sigilosa moviendo la tierra de su planta. El pájaro extrañado se acercó a ella y escuchó en silencio:

-Hola pajarito, necesito tu ayuda, una de mis flores esta triste porque lo que le haría feliz sería volar. ¿Tú podrías ayudarme? ¿Cómo consigues volar?

El pajarito quedó sorprendido y le dijo:

-Nosotros volamos porque tenemos alas, sin ellas es imposible. Y nuestras alas ya nacen con nosotros, todos somos diferentes. 

-Uhmmm, que pena. Entonces no se puede hacer nada. 

-Bueno podemos hacer una cosa, esta mañana podría coger a la flor en mi pico y hacer un pequeño viaje conmigo. Lo único es que luego tendrías que hacer un esfuerzo para poder poner a la flor en su rama.

-¡Ay! Eso sería estupendo.

Florinda organizó el viaje con el pájaro y hablo con su nueva flor blanca, esta se puso muy muy feliz y le prometió que tras el viaje con el pajarito no volvería a llorar y estar triste.

Al día siguiente el pajarito la vino a buscar, la cogió en su pico arrastrándola delicado de su rama. En cuanto alzó el vuelo la flor sonrió feliz, incluso tarareó alguna canción para agradecer al pájaro su regalo. El aire movió sus pétalos, el sol regó su polen y ella supo que no quería regresar a la planta. Intentó convencer al pájaro pero este le dijo:

-No puede ser, Florinda ha sido muy buena contigo. El que promete algo siempre lo tiene que cumplir.

-Tienes razón –-dijo la flor entendiendo lo que le decía el pajarito.

Y así fue, el pájaro consiguió dejar a la flor justo en la rama donde la cogió, Florinda abrazó con su tierra a la flor y se despidió agradecida del pájaro. 

A partir de ahí todos fueron muy felices mientras la pequeña flor contaba al resto de sus compañeras todo lo que había vivido desde el aire.

Autor:  

lunes, 7 de enero de 2019

El Raton Que No Sabia Perdonar

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En un pequeño pueblo llamado “Ratópolis” vivía el ratón Juanito en una casita  construida en el interior del tronco de un viejo árbol
De vez en cuando salía a caminar por el pueblo con su cola hacia abajo porque se sentía amargado. Estaba decepcionado de los amigos porque muchos le habían humillado y ofendido. Por eso cortó la amistad con todos eligiendo vivir en soledad.
Un día, cuando Juanito estaba recogiendo nueces, un pájaro azul llegó a “Ratópolis” anunciando a través de su canto la llegada de una gran tormenta.

Ante este aviso todos los ratones corrieron hacia la montaña para construir madrigueras entre las rocas en forma de túneles. 

Cuando Juanito había terminado de construir su madriguera un ratoncito muy simpático se acercó ofreciéndole suaves plumitas para que acomodara el suelo de su madriguera, pero Juanito no aceptó.

También una pareja de ratones se aproximaron a Juanito pidiéndole algunas nueces mas Juanito no se las dio.

Un anciano ratón viendo la actitud  de Juanito decidió acercarse para preguntarle:

_ ¿Qué te pasa Juanito? ¿Por qué estás actuando así con los demás?

_ ¡Porque me ofendieron y me lastimaron en el pasado!_ respondió Juanito.

_ ¿Pero no te das cuenta de que tú también estás ofendiendo con tu actitud? Es imposible caminar por la vida sin lastimar y sin ser lastimado.

Juanito guardó silencio y el anciano continuó diciendo:

_ Debes aprender a perdonar. El perdón es el mejor camino para alcanzar la paz interior porque nos libera del rencor.

En ese instante comenzó a caer la tormenta y Juanito le pidió al anciano que se quedara en su madriguera.

Pasadas unas horas la tormenta pasó y todos los ratones salieron de la madriguera para disfrutar de los primeros rayos del sol sentados sobre una roca con unas gafitas de sol.

En ese momento llegó Juanito con su colita al viento y compartió nueces y semillas con todos. Con esta actitud pidió perdón y perdonó a los que les habían lastimado.



Autora: María Abreu

sábado, 5 de enero de 2019

Los Mejores Reyes


Resultado de imagen para burron reyesUna vez vi a los Reyes Magos. No eran tres, eran dos y eran los mejores magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos, Lo mínimo, lo que fuere. Aunque no hubiera nada, ellos lograban que haya lo que para nosotros era todo. El tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando los camellos. Nunca, nunca olvidaré a los dos reyes magos que vi. Seguro que ustedes también lo vieron y saben quiénes son y saben que son más magos que reyes. Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acerquénse a sus reyes, dénles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca) y los que no los tienen con ustedes, sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas...
Agradézcanle la herencia porque ahora muchos de ustedes se han convertido en reyes y en magos. Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertirán en reyes y en magos…. Y tal vez, dentro de unos años, ustedes recibirán el beso en la frente y así será hasta el fin de los tiempos… Feliz noche para los reyes de hoy, para los de ayer y los reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico ni mejores reyes que ustedes…

Cada Uno A Su Trabajo - Reyes Magos

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- Mamá, ¿por qué todos los años llega Papá Noel al principio de las Navidades y los Reyes Magos siempre tienen que venir al final?, preguntó Diego.
- ¡Es verdad, no es justo!, dijo Paula. Los niños podemos jugar con los juguetes que trae Papá Noel durante todas las Navidades. En cambio, con los de los Reyes sólo jugamos un par de días… ¡y al colegio!
- Pues no lo sé, pero seguro que tendrá su razón de ser, contestó su mamá -. Y ahora, a la cama.
Pero esa noche una fuerte luz les despertó. Abrieron la ventana y vieron la Estrella de Navidad que les sonreía.
- ¡Subid a mi cola! Voy a llevaros a dar un paseo a unas Navidades diferentes. Papá Noel y los Reyes Magos os han escuchado y se están peleando porque piensan que tenéis razón: los Reyes dicen que Papá Noel es un enchufado y se han negado a repartir los regalos este año si no llegan ellos los primeros. ¡Vais a ver lo que va a pasar!
Y Diego y Paula cogieron sus abrigos, guantes, gorros y bufandas y se subieron emocionados a la cola de la Estrella. Y se elevaron en el cielo, volando deprisa, deprisa…tan deprisa que sólo veían borrosas luces de colores pasar a su lado… hasta que la Estrella frenó, y se dieron cuenta de que estaban volando lentamente sobre su ciudad y de que era Nochebuena.
- ¡Mira, mira! ¡Son los Reyes!, gritó Diego. Pero, ¿qué hacen dando vueltas y más vueltas?
- Es que se han perdido, contestó la Estrella. Se han puesto en marcha demasiado pronto, y a mí no me ha dado tiempo de llegar hasta Oriente para guiarles. Además, los pastores todavía no han llegado a adorar al Niño, y no saben indicarles el camino. ¡Ni siquiera Herodes se había enterado de que ya había nacido Jesús! Y para colmo de males no han tenido tiempo para encontrar oro, incienso ni mirra. ¡Vaya disgusto que se va a llevar Jesús!
- ¿Y los regalos de los niños?, preguntó Diego.
- Pues no van a llegar a tiempo para repartirlos. Y la mitad se habrán caído por el camino, porque los camellos vienen enfadados.
- Claro, pensó Paula, nadie les habrá preparado agua y pienso, ¡como nadie sabía que venían tan pronto!
- Pero venid, agarraos fuerte, que nos vamos a la noche del 5 de Enero, les avisó la Estrella.
Y cuando salieron del torbellino de luces…¡se echaron a reír, porque estaban presenciando un espectáculo de los más divertido! Era Papá Noel, que intentaba entrar en una chimenea pero no pasaba de la cintura e, intentando entrar cabeza abajo, ¡se quedó atrapado mientras sus pies pataleaban fuera! ¡Hasta los renos se morían de la risa!
- ¡Pero si Papá Noel está gordísimo! ¿Qué le ha pasado?, preguntó Paula, asombrada.
- Pues que ha tenido tanto tiempo libre en estas fiestas que se ha puesto morado de turrones, mazapanes y peladillas…y ha engordado tanto que ahora no cabe por las chimeneas. Así que me parece que los niños también se quedan sin regalos esta noche.
- Uuuyyyy…, dijo Diego, que me parece que cada uno estaba mejor trabajando la noche que le tocaba.
- Pues sí, dijo Paula. Porque saben hacer cada uno su trabajo fenomenal, pero si se lo intercambian todo resulta ser un desastre.
Y cuando su madre fue a despertarlos a la mañana siguiente, le gritaron: “¡Mami, mami, Papá Noel sólo puede venir en Nochebuena, y los Reyes Magos en la noche de Reyes. ¡No puede ser al revés!”
- ¿Lo veis? Hay un trabajo que cada persona puede hacer mil veces mejor que nadie, y debe hacerlo bien y disfrutar, sin tener envidia de los demás… ¡ni siquiera de Papá Noel o de los Reyes Magos!

martes, 1 de enero de 2019

Un Cuento de Año Nuevo


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Cuenta la leyenda que hay un modo de conseguir que el año que empieza cumpla casi todos nuestros sueños. Según esa creencia el tiempo nace y envejece. Se encarna cada año y vive bajo el nombre que le damos. El 31 de diciembre coinciden por un segundo la personalización del año nuevo, como un niño, y del viejo, que ya se ha convertido en un anciano. Cuando se cruzan, el año que acaba sólo tiene un momento para aconsejar al pequeño que llega.

Según esa tradición, hay un modo de lograr que desde el 1 de enero nuestro tiempo nos regale preciosas vivencias y días felices. Al parecer, el mayor miedo del tiempo consiste en desaparecer. Dicen que odia los relojes de arena porque le recuerdan lo efímero de su paso por la vida de los hombres.

En esa creencia se basan los que conjuran al tiempo con tarritos de cristal.

Todos los que conocemos esa costumbre, antes de que acabe el año, compramos un frasco de cristal mientras nos concentramos en concederle la inmortalidad al año que va a empezar.
En él guardaremos los recuerdos maravillosos de felicidad que el año nuevo nos regale.

Cada vez que sucede algo digno de ser recordado… lo apuntamos en un papel y los guardamos en el frasco para no olvidar que ese año nos regaló la vivencia de enamorarnos, de ascender en el trabajo o de aprobar el carnet de conducir…

Todo lo bueno que nos suceda ha de ser convenientemente anotado.
Si es cierto lo que cuenta esa leyenda, cuando el año que se va y el que empieza se crucen… el que nos deja le dirá al recién llegado que los días felices que nos depare  serán eternos, y que se guardarán en un frasco de cristal con su nombre.
Antes de dar las doce y tomar las uvas abriremos la tapa, meteremos el primer papel con el nombre de nuestro año nuevo y diremos en voz alta el conjuro:

“A lo malo… olvido

       y  el recuerdo alegre

al  futuro… vivo”

Con ese conjuro nos comprometemos a conceder la inmortalidad a todos los días y vivencias buenas que nos depare el año.

El tarrito se irá llenando tanto… ¡que lo más probable es que tengamos que comprar otro antes de que acabe el año!