martes, 7 de mayo de 2013

El Duende Feliz



En una casita de árbol vivía un duende llamado Iris. Este duende era muy bonito, su vestimenta era como de  un arco iris porque su traje era de todos los colores.
Era un duende muy feliz y quería que todos los niños del munto también fueran felices como él.
Un día, el duende Iris decidió salir de su casita para ir en busca de niños que estuvieran tristes. Para su sorpresa encontró a muchos niños así, con mucha tristeza en su carita.
Muchos niños estaban tristes porque no tenían que comer, otros porque tenían frío y otros porque no tenían a su mamá.
Entonces el duende Iris decidió hablarles, pero pensó:
-¿Y si se asustan en vez de darles alegría verme? ?Cómo lo podría hacer?
-¡Ya sé!, dijo Iris. Voy a decirles que soy un payasito enano y que vengo de un gran circo, así no me tendrán miedo.
Y así lo hizo, se empezó a acercar a todos aquellos niños que estaban sufriendo y se los llevó a conocer su mundo de arco iris.
Pero eso no fue todo, les dio muchos regalos para que los compartieran con sus familias.
Los niños estaban felices, pensaron que el duende iris era un ángel que les había caído del cielo.
Iris estaba mucho más feliz por haber hecho de aquellos niños que volvieran a sonreír.
FIN

Adopcion



Una maestra estaba estudiando con su grupo de primer grado la pintura de una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de color diferente al resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado. Entonces, una niña del grupo le dijo: Yo sé todo de adopciones porque soy adoptada.
¿Qué significa ser adoptado? Preguntó otro niño.
Significa - dijo la niña - que tú creces en el corazón de tu mamá en lugar de crecer en su vientre.

lunes, 6 de mayo de 2013

Los zapatos del campesino



Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias. El alumno dijo al profesor: "Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre".
Mi querido amigo - le dijo el profesor - nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre. El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. Ahora, dijo el profesor ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
El joven respondió: "Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir".

El Hada Triste



Erase una vez, un hada triste, vivía en el mundo de los hielos eternos,
y no le gustaba, sabia que existieron lugares donde el sol brillaba cada
día y donde las flores tenían todos los colores del arco iris.
Su corazón añoraba esas cosas, aunque no las había visto nunca.
Añoraba el calor y el color, añoraba sentir la yerba bajo sus pies
descalzos y añoraba el vuelo brillante de las mariposas.


Se sentía tan infeliz que no podía pensar en otra cosa y ni siquiera
salia a ver sus dominios.
Una noche en el que el hada aún no dormía, un resplandor especial
aparecen en el cielo. Al principio era solo una pequeña mancha
luminosa, que creció y creció y bien pronto todo el espacio se lleno
de color, verdes, violetas, azules, amarillos y rojos se entremezclaban
armoniosamente, y su luz arrancaba destellos del suelo helado como
un espejo, y el hada miro al cielo y vio estrellas fugaces y luceros
ardiendo, estelas de cometas y nubes transparentes.


Por primera vez en mucho tiempo, el hada se sintió feliz, y entendió
que aquel era su lugar; que cada rincón del mundo contiene
sorpresas maravillosas, y que le gustaba la aurora boreal y el cielo
estrellado de su país de hielo.

Comprendío que muchas hadas jamas serán todo eso como ella
no vería las flores, pero ya no le importaba. Ahora sabia que las
estrellas fugaces son mariposas celestes y que los cometas se llevan
muy lejos las añoranzas de las hadas tristes.