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jueves, 25 de junio de 2015

Chocolate Y Felicidad


Hace tanto tiempo que ya nadie se acuerda de que hubo una época en la que cada niño vivía con un duendecillo de la felicidad que lo acompañaba desde el día de su nacimiento. Los duendecillos se alimentaban de la alegría de los niños, y por eso eran expertos inventores de juguetes y magníficos artistas capaces de provocar las mejores sonrisas.
Con el paso de los años, los duendes mejoraron sus inventos y espectáculos, pero la alegría que conseguían era cada vez más breve. Por más que hicieran, los niños se volvían gruñones y exigentes cada vez más temprano. Todo les parecía poco y siempre querían más. Y ante la escasez de felicidad, los duendes comenzaron a pasar hambre.
Pero cuando pensaban que todo estaba perdido, apareció la pequeña Elsa. Elsa había sido una niña muy triste, pero de pronto se convirtió en las más poderosa fuente de alegría. Ella sola bastaba para alimentar cientos de duendes. Pero cuando quisieron felicitar a su duende, el pequeño Flop, no lo encontraron por ningún sitio. Por más que buscaron no hubo suerte, y cuando lo dieron por muerto, decidieron sustituirlo por Pin, el mejor duende de todos.
Pin descubrió enseguida que Elsa era diferente. Ella no disfrutaba mucho con los regalos y maravillas de su duende. Regalaba a otros niños la mayoría de juguetes que recibía de Pin, y nunca dejaba que su duende actuase solo para ella. Vamos, que parecía que su propia alegría le importaba mucho menos que la de los demás niños y a Pin le preocupaba que con esa actitud se pudiera ir gastando toda su energía.
Una noche, mientras Pin descansaba en su cama de duende, sintió algo extraño bajo el colchón, y al levantarlo descubrió la ropa de Flop, cubierta de chocolate dorado. Como todos los duendes, Pin conocía las leyendas sobre el chocolate dorado, pero pensaba que eran mentira. Ahora, viendo que podían ser ciertas, Pin corrió hacia la cama en que dormía Elsa y miró a través de sus ojos. ¡Allí estaba Flop, regordete de tanta felicidad! Pin sabía que desde dentro Flop no podía verle, pero volvió a su cama feliz por haber encontrado a su amigo, y por haber descubierto el secreto de la felicidad de Elsa: Flop la había convertido desde dentro en un duendecillo de la felicidad, y ahora que estaba tan ocupada haciendo felices a otros se había convertido en una niña verdaderamente feliz.
Los días siguientes Pin investigó cuanto pudo sobre el chocolate dorado para enseñar a los demás duendes cómo hacer el mismo viaje. Bastaba con elegir un niño triste, posarse en su mano mientras dormía, darle un fuerte abrazo, y desear ayudarlo con todas sus fuerzas.
Así fue como Pin se convirtió en un bombón dorado. Y a la mañana siguiente aquel niño triste se lo comió. Aunque sabía que no le dolería, pasó muchísimo miedo, al menos hasta que le tocó la lengua, porque a partir de ese momento sintió las cosquillas más salvajes y rió y rió y rió… hasta que estalló de risa. Y entonces apareció en el alma de aquel niño triste, dispuesto a convertirlo en un auténtico duendecillo de la felicidad ayudando a otros a ser más felices.

Los demás duendes no tardaron en imitar a Pin y a Flop, y pronto cada niño tuvo en su interior un duendecillo de la felicidad. El mismo que aún hoy nos habla todos los días para decirnos que para ser verdaderamente felices hay que olvidarse un poco de las propias diversiones y hacer algo más por los demás.

martes, 1 de junio de 2010

Cuento de Felicidad

En cierta ocasion se reunieron todos los Dioses y decidieron
crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen
y semejanza, entonces uno de ellos dijo: esperen, si los vamos
a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo
igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra,
debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no
ser asi, estaremos creando nuevos dioses. Debemos quitarles
algo, pero, Que les quitamos? Despues de mucho pensar uno de
ellos dijo: ya se!, vamos a quitarles la felicidad, pero el
problema va a ser donde esconderla para que no la encuentren
jamas. Propuso el primero: Vamos a esconderla en la cima del
monte mas alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro:
no, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien puede
subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabran
donde esta. Luego propuso otro: Entonces vamos a esconderla en
el fondo del mar, y otro contesto: no, recuerda que les dimos
inteligencia, alguna vez alguien va construir una esquina por
la que pueda entrar y bajar y entonces la encontrara.
Uno mas dijo:
Escondamosla en un planeta lejano a la Tierra. Y le dijeron:
No, recuerda que les dimos inteligencia, y un dia alguien va
construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y
la va a descubrir, y entonces todos tendran felicidad y seran
iguales a nosotros. El ultimo de ellos, era un Dios que habia
permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las
propuestas de los demas dioses, analizo en silencio cada una
de ellas y entonces rompio el silencio y dijo: creo saber a
donde ponerla para que realmente nunca la encuentren, todos
voltearon asombrados y preguntaron al unisono: A donde?
La esconderemos dentro de ellos mismos, estaran tan ocupados
buscandola fuera, que nunca la encontraran. Todos estuvieron
de acuerdo, y desde entonces ha sido asi, el hombre se pasa
la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.