martes, 27 de abril de 2010

Sabiduria

Hace ya mucho tiempo, en las afueras de una aldea, entre perros y malezas, vivía una anciano ciego del que de comentaba era portador de una gran sabiduría.

Unos muchachos que habían llegado a la aldea, hacían gala de su gran picardía y apostaron a los pobladores del lugar que podrían con el viejo ciego, que lograrían hacerlo caer con tan solo una prueba que consistía en lo siguiente:

- Vamos a ir a su encuentro con un pajarito en las manos, le preguntaremos si el pájaro esta vivo o muerto... si responde que está vivo lo apretamos, lo matamos y lo dejamos caer, si responde que está muerto, abrimos la mano y lo dejamos volar...

Cuando encontraron al viejo sabio, se acercaron y le preguntaron...

- Tu que todo lo sabes, puedes respondernos rápidamente una pregunta...?

- Dime muchacho...,- contestó el viejo.-

- En mi mano tengo un pajarito... tu que sabes el secreto... dime, está vivo o está muerto...?

El viejo sonrió en silencio, se apoyó en su vara, se levantó y con sabiduría respondió:

- Muchacho, la respuesta es ésta... el secreto está en tus manos.

jueves, 8 de abril de 2010

El Tesoro

¿Es realmente el hecho en sí mismo el que lo hace ser malo, o el poder que tu le otorgas a esos pensamientos?.
Esta historia te dará otras lecciones, pero sobre todo la recordarte ese poder que tienes en cada momento de cambiar tus pensamientos de negativos a positivos. [...]
Un labrador oyó un ruido bajo la rueda del rastrillo de su arado. Miró con curiosidad y descubrió desenterrado un cofre lleno de monedas de oro.
¡Qué suerte! Lo tomó y lo entierró profundamente en su jardín.
"¿Qué hacer con eso?" se preguntó. Se imaginó todo lo que podría comprar y decidió... cualquier cosa, finalmente para resolverse. Este cofre lleno de monedas de oro sería su seguridad en caso de una dura temporada. Y tal seguridad cambió su carácter: de precavido llegó a ser relajado, de gruñón pasó a ser agradable y eliminó su intolerancia, de hecho,vislumbró una vida hermosa y feliz, sabiendo que aunque llegaran tiempos duros, podría hacerles frente.
Sus últimas horas llegaron y antes de morir, reunió a sus hijos y les reveló su secreto.Murió instantes después.
El día siguiente, sus hijos cavaron en el lugar indicado, encontraron el cofre, pero ¡qué sorpresa, estaba VACÍO! Pues las monedas habían sido robadas al labrador desde hace más de 10 años.
¿Qué es entonces lo interesante de esta historia? Es ver que no es el hecho de ser rico lo que le dio seguridad y felicidad, sino la IDEA de que tal riqueza y felicidad existían. No es el hecho en sí mismo sino su interpretación.
P.D.: Sólo por hoy elige pensamientos y emociones positivas. Notarás la diferencia.

La recompensa del desierto

Hace mucho tiempo había un joven comerciante llamado Kirzai, cuyos negocios lo obligaron a viajar un día al pueblo de Tchigan, situado a doscientos kilómetros de distancia. Por lo común, el habría tomado la ruta que seguía el borde de las montañas, lo que le habría permitido hacer la mayor parte del viaje protegido del sol.
Pero en esta ocasión, Kirzai sufría la presión del tiempo. Era urgente que llegara a Tchigan lo mas pronto posible, de modo que decidió tomar el camino directo a través del desierto de Sry Darya. El desierto de Sry Darya es conocido por la intensidad de su sol y muy pocos se atreven a correr el riesgo de cruzarlo. No obstante, Kirzai dio de beber a su camello, lleno sus alforjas y emprendió el viaje.
Varias horas después de partir empezó a levantarse el viento del desierto. Kirzai refunfuño para sus adentros y apuro el paso del camello. De repente se detuvo, estupefacto. A unos cien metros delante de el se levanto un gigantesco remolino de viento. Kirzai nunca había visto nada semejante. El remolino arrojaba todo en derredor de una extraña luz purpúrea y hasta el color de la arena había cambiado. Kirzai titubeó. ¿Debía hacer un largo rodeo a fin de evitar esa extraña aparición o debía seguir siempre derecho? Kirzai tenia mucha prisa, sentía que no disponía de tiempo para tomar el camino más lento, de modo que agachó la cabeza, encorvó los hombros y avanzó.
Para su sorpresa, en el momento en que penetró en la tormenta todo se volvió mucho más calmo. El viento no azotaba ya con tanta fuerza contra su cara. Se sintió contento de haber tomado la decisión correcta. Pero de pronto se vio obligado a detenerse otra vez. Un poco más adelante, un hombre yacía estirado sobre el suelo junto a su camello acuclillado. Kirzai desmonto de inmediato para ver que pasaba. La cabeza del hombre estaba envuelta en una chalina, pero Kirzai vio que era viejo. El hombre abrió los ojos, miró con atención a Kirzai durante un instante y después habló con un susurro ronco.
-¿Eres .... tú? Kirzai rió y sacudió la cabeza. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tu anciano, ¿quién eres? El hombre no dijo nada. -De todos modos -continuó Kirzai- , Tú no estas bien. ¿Adonde vas? -A Givah -suspiró el viejo-, pero no tengo más agua.
Kirzai reflexionó. Sin duda podía compartir un poco de su agua con el anciano, pero si lo hacia se arriesgaba a quedarse sin agua él mismo. Sin embargo, no podía dejarlo así. No se puede dejar morir a un hombre sin echar una mirada atrás. "Al diablo con mis planes -pensó Kirzai- , sólo necesito encontrar mi camino hasta el sendero que corre a lo largo de las montañas, en caso de necesitar más agua. ¡Una vida humana vale mucho más que un compromiso de negocios!" Ayudó al viejo a tomar un poco de agua, llenó una de sus cantimploras y después lo ayudó a montar su camello.
-Sigue derecho por ese camino -le recomendó mientras apuntaba con el dedo- y en dos horas estarás en Givah. El anciano hizo una señal de agradecimiento con las manos y antes de irse miró un largo rato a Kirzai y pronunció estas extrañas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Entonces acicateo a su camello en la dirección que Kirzai le había indicado. Kirzai continuó su viaje. La oportunidad que lo esperaba en Tchigan sin duda estaba perdida, pero se sentía en paz consigo mismo.
Paso el tiempo. Treinta años después, los negocios llevan a viajar a Kirzai de continuo de una parte a otra entre Givah y Tchigan. No se había hecho rico, pero lo que ganaba era suficiente para proporcionar una buena vida a su familia. Kirzai no pedía mas que eso.
Un día, mientras vendía cueros en la plaza del mercado de Tchigan, se enteró de que su hijo estaba enfermo de gravedad. Era urgente que fuera a verlo de inmediato. Kirzai no vacilo. Recordó el atajo a través del desierto que había tomado treinta años atrás. Dio agua a su camello, llenó sus cantimploras y partió.
A lo largo del camino libró una batalla contra el tiempo, azuzando sin cesar a su camello. No se detuvo ni disminuyo la marcha mientras bebía agua, y por esas razón ocurrió el accidente. La cantimplora se le cayo de pronto de las manos y antes que pudiera bajarse para recuperarla, el agua desapareció en la arena. Kirzai profirió una maldición. Con una sola cantimplora llena era imposible cruzar el desierto. Pero al pensar en su hijo, el viejo se obligo a seguir adelante.
-¡Tengo que hacerlo! ¡Lo haré!
El sol del desierto de Sry Darya es despiadado. Le importa poco por qué o para qué fines un hombre trata de desafiar sus rayos, arde inexorablemente siempre con la misma fuerza e intensidad. Kirzai pronto comprendió que había cometido un gran error. Se le resecó la lengua y la piel le quemaba. La única cantimplora restante ya estaba vacía. Y ahora, para su desazón, vio que empezaba una tormenta de arena. Kirzai se envolvió la cabeza con su chalina, cerro los ojos y dejo que el camello lo llevara adelante a donde fuera. Ya no era conciente de nada. Un gigantesco remolino de viento se levantó frente a él. Despedía una suave luz purpúrea, pero Kirzai seguía inconsciente y no vio nada. Su camello entró en el remolino de viento, avanzó unos pocos pasos y entonces, en forma abrupta, se sentó. Kirzai cayo al suelo. "Estoy terminado -pensó- ¡Mi hijo nunca volverá a verme!"
De repente, sin embargo, dio un grito de alegría. Un hombre montado en un camello avanzaba hacia él. Pero cuanto más se acercaba el hombre, tanto más la alegría de Kirzai se convertía en estupefacción. Este hombre que ahora desmontaba de su camello .... ¡Kirzai lo conocía! Reconoció su propio rostro juvenil, sus ropas .... ¡y hasta el camello que montaba! Un camello que el mismo había comprado por dos valiosos jarrones muchos años antes.
Kirzai estaba seguro: ¡ el joven que venia a ayudarlo era él mismo ! ¡ Era el mismo Kirzai tal como era treinta años antes !
-¿Eres .... tú? -balbuceo Kirzai con un susurro ronco. El joven lo miro y rió. -¿Qué? ¡No me digas que sabes quien soy! ¿Mi fama se ha extendido hasta el desierto de Sry Darya? Pero tú, anciano, ¿quién eres? Kirzai no contestó. No sabia que hacer. ¿Debía decirle al joven quien era, o no decir nada? Mientras tanto el joven continuo: -De todos modos, tú no estas bien. ¿Adonde vas?
-A Givah -respondió Kirzai-. Pero no tengo mas agua.
Kirzai vio que el joven reflexionaba en silencio acerca de la situación y supo con exactitud lo que pasaba por su mente: ¿debía ayudar a Kirzai o continuar para atender sus propios asuntos? Pero Kirzai también supo cual seria la decisión y sonrió al observar que el joven le ofrecía un trago de agua. Después, el joven le lleno la cantimplora vacía, lo ayudo a montar su camello y apunto con un dedo.
-Sigue derecho por ese camino y en dos horas estarás en Givah.
El viejo Kirzai miro un largo rato al joven que alguna vez había sido él mismo y le hizo una señal de agradecimiento. Hubiera deseado hablar con él de muchas cosas, pero solo logro encontrar estas palabras: -Algún día el desierto te recompensará. Y entonces partió de prisa hacia Givah, donde lo esperaba su hijo. Kirzai llego a ser un hombre sabio, respetado por todos. Y cuando contaba este extraño cuento, todos los que lo escuchaban le creían. Desde aquellos tiempos, el desierto de Sry Darya ha sido conocido con el nombre de Samavstrecha, que quiere decir:
El desierto donde Uno se encuentra a Sí Mismo.

LA LEY DE LA ADICION

En un mundo donde los líderes políticos disfrutan de poder y prestigio y los ejecutivos tienen ingresos astronómicos, viven en lujos y se preocupan más por sus ganancias, Jim Sinegal, es una contradicción.
Es el Co-fundador y presidente ejecutivo de Costco, la cuarta cadena de supermercados más grandes de Estados Unidos y la novena a nivel mundial. Con una modesta oficina de sillas y mesas plegables, Jim atiende sus llamados, baja a recibir a sus invitados, usa gafete como cualquier empleado y está entre el 10% de los ejecutivos que perciben menor salario por parte de las grandes corporaciones. Él entiende que el liderazgo es agregar valor a su gente. "No es correcto que una sola persona reciba el mérito cuando se necesitan muchas personas para crear una organización exitosa", afirma Jim Sinegal. "Cuando uno intenta ser el más importante, no está creando lealtad. Si no puede dar el mérito a los demás se desvanecerá en su incapacidad de inspirarlos". El verdadero liderazgo esta en qué tan lejos ayudemos a los demás a avanzar. 90% de quienes disminuyen o quitan valor a las personas no se dan cuenta de que lo están haciendo. En contraste, el 90% de las
personas que añaden valor a los demás lo hacen de manera intencional.
Si uno piensa en las personas que han ganado los premios Nobel de la Paz, estaban más interesados en un impacto positivo en los demás que en su propia posición. A un líder se le preguntó "¿Cómo puedes pasar frente de nosotros sin saludar?" respondió: "Es que tengo mucho trabajo", entonces le replicaron: "Acabas de pasar frente a tu trabajo. No olvides que el liderazgo tiene que ver con las personas".
Tomando palabras de Niels Pflaeging, "Debemos transformar jefes en líderes”. Muchas organizaciones tienen enormes desperdicios de talento por la incapacidad de transformar a sus directores en consejeros, mentores y servidores. Son más fáciles las funciones de autoridad y control. La estructura está más orientada a responder a las necesidades y expectativas de la organización vertical que a tomar decisiones de manera horizontal, orientadas al cliente que se encuentra en la periferia de la organización. Recuerde que estamos en una economía basada en el conocimiento. No inimice a sus colaboradores.

viernes, 26 de marzo de 2010

La leyenda de la dama blanca

Cuenta la leyenda que la señora Perchta conocida como la Dama Blanca, se aparecía después de muerta en diferentes lugares, esta Dama se caso a los veinte años con un anciano llamado Juan Liechtein. La jovencita se caso como ocurría en aquellos tiempos a instancias de su padre, la riqueza del anciano novio deslumbro al padre de nuestra Dama y vio la oportunidad de su vida en la unión de este matrimonio.
Desgraciadamente para nuestra Dama la señora Perchta su ya marido era un tremendo tacaño y una persona desagradable en el trato, esto hizo que la vida se la hiciera insoportable a su lado no pudiendo más huyo con un enamorado que tenía antes de casarse con el anciano, el enamorado era el conde Ternberk.

Cuando el marido se entero de lo sucedido se encendió en cólera, quería vengarse pero por la edad y la rabia del momento tuvo un ataque de apopejía y cayó fulminado muriendo al instante.

Al recibir la noticia de la muerte de su esposo la señora Perchta o Dama Blanca, sintió remordimientos de conciencia. Tomo la decisión de buscar refugio en la sede de sus parientes en Jidrichuv Hradec y se dedico a hacer buenas obras para tranquilizar su conciencia y apagar ese sentimiento de culpa que sentía.

La apenada Dama introdujo la costumbre de ofrecer a los pobres comida, se trataba de una papilla dulce incluso después de muerta ya convertida en un fantasma, la Dama Blanca velaba para que esta tradición siguiera haciéndose.

Esta papilla de distribuía el día de Jueves Santo cuando acudían al Castillo de Jidrichuv Hradec centenares de indigentes.

Un día , ya muerta la señora Perchta, los pobres acudieron como siempre en busca de su papilla pero se encontraron con la puerta cerrada debido a que el nuevo dueño del Castillo había decidido suprimir la distribución de la papilla para horrarse el dinero que esto suponía.

Pero el fantasma de la Dama Blanca solía rondar por el Castillo, y como comentaba antes seguía velando para que la tradición siguiera, al percatarse que el nuevo dueño dejo de dar el alimento para guardarse el dinero que debía gastar en la papilla……
“La Dama Blanca hizo una aparición, irrumpiendo airada en la cocina, arrojando al suelo las calderas, la loza y otros enseres domésticos que se hallaban a su alcance.”

Las criadas que se encontraban allí huyeron despavoridas ante el suceso que acababan de presenciar.

Al regresar de la cacería, el dueño del castillo trato de tranquilizarlas, atribuyendo a la corriente de aire los extraños ruidos que se habían oído y diciendo que todos los utensilios que estaban esparcidos y rotos por el suelo eran también por el viento que podía haber entrado por los ventanales de la cocina.

La Dama Blanca quiso dar un escarmiento al propio seños del castillo. Así, cuando durante la cena el hidalgo caballero se disponía a hincar el diente en un sabroso asado, una misteriosa fuerza le arrancó el plato, y lo mismo les sucedió a los demás comensales. Las puertas y ventanas empezaron a abrirse y cerrarse con un espantoso estruendo, y el señor del castillo prefirió salir huyendo a la ciudad. El fantasma de la Dama Blanca siguió aún durante varios días haciendo estos fenómenos extraños hasta el señor del castillo prometiera que seguiría ofreciendo la papilla dulce a los pobres.

La Dama Blanca además de velar por la distribución de la papilla, de dedicaba a otros quehaceres, haciendo sus apariciones en los castillo de los Rozmberk y de otros linajes con ellos emparentados.

Se cuenta lo siguiente:

- Si el fantasma de la Dama Blanca se dejaba ver por los pasillos de las mansiones con guantes blancos, esto auguraba una boda o un bautizo.

- Si por el contrario tenía los guantes negros anunciaba funerales

El Perro Sujetado

En un lujoso palacio vivía un brahmino, gobernador de una región y dueño de un maravilloso perro. El animal era corpulento, fiero y de temperamento orgulloso. No era difícil que se enfrentara a otros perros, por lo que casi siempre lo paseaban atado con una correa. Perro y amo eran caracteres jactanciosos merecedores el uno del otro.
Cada vez que el perro se encontraba con otro can, empezaba a tirar de la correa con todas sus fuerzas. Su amo, sin dejar de sujetarlo con determinación, intentaba calmarlo hablándole dulcemente: " no hagas así...déjale al pobrecito tranquilo". También se agachaba y le rodeaba con el brazo como para protegerle mientras que el bravo animal mostraba todo su repertorio de amenazas. Parecía de verdad un perro fiero e implacable. Dado su tamaño y su furor, todos le temían.
Un día, el brahmino encargó a un nuevo sirviente que paseara al perro, pero olvidó advertirle sobre el carácter del animal, quizás dando por hecho que todo el mundo tenía que saber que el perro del brahmino era algo especial. No obstante, para el sirviente, éste era únicamente un perro como muchos, por lo cual ignoraba su excentricidad. Como era previsible, nada más encontrarse en contacto visual con otro can, el animal del brahmino dio rienda suelta a su violento temperamento y, de repente tiró enérgicamente de la correa. El siervo, que no estaba preparado para tal situación, no supo reaccionar adecuadamente y soltó la cinta. El perro perdió ligeramente el equilibrio hacia delante, dándose así cuenta de que no estaba siendo sujetado. Ahora estaba libre de sujeción y que la acción dependía exclusivamente de él, se encontró frente a un dilema: o dar séquito a sus amenazas iniciales empezando la batalla, o evitar la confrontación. El imperioso animal titubeó: al fin y al cabo el otro perro, aún más pequeño, no había dado signos de sumisión y estaba listo para la lucha. "Seguramente -se dijo el noble perro- podría matarle fácilmente, pero si me mordiera, ¿que sería de mi noble aspecto?. No, no merece la pena. Por esta vez le dejaré vivir". Emitió unos gruñidos y volvió donde el servidor.
Una vez en el palacio, el doméstico relató lo ocurrido al brahmino, el cual vislumbró la verdad sobre la naturaleza de su perro y la del hombre y, desde entonces, acostumbró a pasear al animal sin ataduras. No sólo el perro dejó de amenazar a los otros animales, sino que también los súbditos del brahmino vivieron más felices. El perro le había mostrado a su dueño la manera sabia de gobernar.

El pájaro dziú

Leyenda Maya

Cuentan por ahí, que una mañana, Chaac, el Señor de la Lluvia, sintió deseos de pasear y quiso recorrer los campos de El Mayab. Chaac salió muy contento, seguro de que encontraría los cultivos fuertes y crecidos, pero apenas llegó a verlos, su sorpresa fue muy grande, pues se encontró con que las plantas estaban débiles y la tierra seca y gastada. Al darse cuenta de que las cosechas serían muy pobres, Chaac se preocupó mucho. Luego de pensar un rato, encontró una solución: quemar todos los cultivos, así la tierra recuperaría su riqueza y las nuevas siembras serían buenas.
Después de tomar esa decisión, Chaac le pidió a uno de sus sirvientes que llamara a todos los pájaros de El Mayab. El primero en llegar fue el dziú, un pájaro con plumas de colores y ojos cafés. Apenas se acomodaba en una rama cuando llegó a toda prisa el toh, un pájaro negro cuyo mayor atractivo era su larga cola llena de hermosas plumas. El toh se puso al frente, donde todos pudieran verlo.
Poco a poco se reunieron las demás aves, entonces Chaac les dijo:
—Las mandé llamar porque necesito hacerles un encargo tan importante, que de él depende la existencia de la vida. Muy pronto quemaré los campos y quiero que ustedes salven las semillas de todas las plantas, ya que esa es la única manera de sembrarlas de nuevo para que haya mejores cosechas en el futuro. Confío en ustedes; váyanse pronto, porque el fuego está por comenzar.
En cuanto Chaac terminó de hablar el pájaro dziú pensó:
—Voy a buscar la semilla del maíz; yo creo que es una de las más importantes para que haya vida.
Y mientras, el pájaro toh se dijo:
—Tengo que salvar la semilla del maíz, todos me van a tener envidia si la encuentro yo primero.
Así, los dos pájaros iban a salir casi al mismo tiempo, pero el toh vio al dziú y quiso adelantarse; entonces se atravesó en su camino y lo empujó para irse él primero. Al dziú no le importó y se fue con calma, pero muy decidido a lograr su objetivo.
El toh voló tan rápido, que en poco tiempo ya les llevaba mucha ventaja a sus compañeros. Ya casi llegaba a los campos, pero se sintió muy cansado y se dijo:
—Voy a descansar un rato. Al fin que ya voy a llegar y los demás todavía han de venir lejos.
Entonces, el toh se acostó en una vereda. Según él sólo iba a descansar mas se durmió sin querer, así que ni cuenta se dio de que ya empezaba a anochecer y menos de que su cola había quedado atravesada en el camino. El toh ya estaba bien dormido, cuando muchas aves que no podían volar pasaron por allí y como el pájaro no se veía en la oscuridad, le pisaron la cola.
Al sentir los pisotones, el toh despertó, y cuál sería su sorpresa al ver que en su cola sólo quedaba una pluma. Ni idea tenía de lo que había pasado, pero pensó en ir por la semilla del maíz para que las aves vieran su valor y no se fijaran en su cola pelona.
Mientras tanto, los demás pájaros ya habían llegado a los cultivos. La mayoría tomó la semilla que le quedaba más cerca, porque el incendio era muy intenso. Ya casi las habían salvado todas, sólo faltaba la del maíz. El dziú volaba desesperado en busca de los maizales, pero había tanto humo que no lograba verlos. En eso, llegó el toh, mas cuando vio las enormes llamas, se olvidó del maíz y decidió tomar una semilla que no ofreciera tanto peligro. Entonces, voló hasta la planta del tomate verde, donde el fuego aún no era muy intenso y salvó las semillas.
En cambio, al dziú no le importó que el fuego le quemara las alas; por fin halló los maizales, y con gran valentía, fue hasta ellos y tomó en su pico unos granos de maíz.
El toh no pudo menos que admirar la valentía del dziú y se acercó a felicitarlo. Entonces, los dos pájaros se dieron cuenta que habían cambiado: los ojos del toh ya no eran negros, sino verdes como el tomate que salvó, y al dziú le quedaron las alas grises y los ojos rojos, pues se acercó demasiado al fuego.
Chaac y las aves supieron reconocer la hazaña del dziú, por lo que se reunieron para buscar la manera de premiarlo. Y fue precisamente el toh, avergonzado por su conducta, quien propuso que se le diera al dziú un derecho especial:
—Ya que el dziú hizo algo por nosotros, ahora debemos hacer algo por él. Yo propongo que a partir de hoy, pueda poner sus huevos en el nido de cualquier pájaro y que prometamos cuidarlos como si fueran nuestros.
Las aves aceptaron y desde entonces, el dziú no se preocupa de hacer su hogar ni de cuidar a sus crías. Sólo grita su nombre cuando elige un nido y los pájaros miran si acaso fue el suyo el escogido, dispuestos a cumplir su promesa.