Un monje
andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó
en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para
compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El
monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo
con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle
riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después
volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le
suplicó: "Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya,
dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí".
lunes, 11 de mayo de 2015
sábado, 9 de mayo de 2015
La Celda
El
discípulo quería un sabio consejo.
-
"Ve, siéntate en tu celda, y tu celda te enseñará la sabiduría", le
dijo el Maestro.
-
"Pero si yo no tengo ninguna celda... si yo no soy monje."
-
"Naturalmente que tienes una celda. Mira dentro de tí."
viernes, 8 de mayo de 2015
El Arroyo Que Deseo Ser Corriente De Oceano
El inquieto hijo de un rico mercader, se dirigía de nuevo a su hogar, después de licenciarse. Por el camino, parose a reponer fuerzas y se sentó junto a un arroyo serpenteante de aguas cristalinas y musicales. Observándolo, su imaginación le brindó la idea de que él era como aquellas aguas, que repicaban frenéticas contra las rocas de sus lindes sin saber adonde éstos las conducían. Su rumor, le pareció una queja desesperada de éstas, pues podían correr sólo con la velocidad que mandaba la pendiente, y sólo en el camino que marcaba su cauce.
Sus educadores habían llenado su cabeza de conocimientos. La aritmética aprendida habría de servirle algún día para llevar el negocio de su padre. El dominio del lenguaje lo había convertido en un buen orador capaz de expresarse con soltura. La lectura de los viejos sabios, le había proporcionado respuestas a cientos de problemas cotidianos, tanto triviales como complejos. El disfrute de las artes deleitaba sus sentidos enriqueciendo su alma. Y sin embargo, allí, absorto en aquel pensamiento, se sintió como aquel pobre arroyo, acaudalado en conocimientos y a la vez preso de un cauce. Y decidió entonces que no quería ser como él, decidió que quería ser como una corriente en el océano. Libre de cauce y pendiente. Libre para viajar con el rumbo y la velocidad que solo él decidiera.
Tomó de nuevo camino, pero sin dejar esa idea atrás. Y empezó a preguntarse que era lo que le podía faltar en lo aprendido para dejar de ser arroyo y convertirse en corriente. Llegó a casa cuando el sol ya tocaba tierra por el oeste, y ni siquiera la fatigosa jornada de viaje había borrado esta pregunta de su mente. Al despertar al día siguiente, se dispuso a visitar a su amado padre. Por el camino hacia el salón donde éste le esperaba impaciente, notó en todo sirviente con el que se cruzó, un ademán de respeto desconocido. Todos lo saludaron con su nombre, y no con el tratamiento que se solía dar a los jóvenes ricos por aquellos lugares. Aquello le hizo sentirse incómodo de tal manera, que fue inclinándose ante cada uno ellos diciendo; - No merezco tal honor, soy arroyo y no corriente, tan solo arroyo. Los sirvientes sonreían por tal ocurrencia, sin tener, por supuesto, remota idea de a qué hacía referencia su joven amo. Y su confesión, aunque incomprendida, le hizo sentirse bien. Y empezó a correr, repitiéndolo sin cesar en voz alta;
- "¡Soy arroyo y no corriente!"
El abrazo de su padre también le resultó extraño, lejos de sentirlo carente de afecto, le pareció solemne y ceremonial.
- "¿Qué pasa padre?. Preguntó el joven con sorpresa. ¿Por qué tu abrazo no es el de siempre?"
- "Es el orgullo que me provocas hijo, que no me deja apretar más los brazos", respondió el padre visiblemente emocionado. "Ayer me visitó el Gran Maestro, y me dijo que tú eres el elegido este año. Irás a conocer al Viejo Sabio."
Era tradición en aquella tierra, que los maestros escogieran, de entre sus discípulos licenciados, aquel que consideraran había aprovechado con más éxito sus enseñanzas. El premio era ir a conocer al Viejo Sabio. Maestro de maestros, erudito entre eruditos, se decía que si una pregunta tenía respuesta, él la conocía.
Marat, que así se llamaba el joven, vio en este honor la oportunidad de conocer la solución a la cuestión que se había instalado en su corazón, desde su alto en aquel arroyo. Sin perder tiempo se dispuso entusiasmado a emprender su viaje, el Viejo Sabio vivía a más de tres días de camino, en La Montaña De Los Pensadores. Donde antes que él, habían morado importantes sabios desde tiempos perdidos ya para la memoria de su pueblo.
Al llegar al lugar donde vivía el anciano, le sorprendió que éste vivía en una modesta choza rodeada de un magnifico jardín, como jamás había contemplado. La puerta estaba abierta, y el joven se aventuró a atravesar el umbral sin pedir permiso. El Viejo Sabio estaba sentado junto a un fuego en el que estaba calentando una tetera.
El Joven hizo una reverencia saludando respetuosamente y esperó a que el maestro le contestara. Éste parecía de lo más corriente, ni siquiera su ademán le pareció el de alguien a quien se le atribuía tanta sabiduría.
- "Y dime muchacho, ¿te apetece una taza de té? Debes estar agotado de tu viaje", espetó el anciano.
Marat aceptó el ofrecimiento, y alentado por el maestro pasó a relatarle como aquel arroyo le había sugerido la idea de que su educación le parecía incompleta, pues se sentía que ésta no le confería la cualidad de alcanzar nada nuevo. Que sólo daba solución a lo conocido, y que se sentía limitado por ella. Que él quería ser libre como una corriente en el océano. Y que daba gracias por haber tenido el gran honor de poder visitarle, pues confiaba en que un gran sabio como él le diría qué le faltaba para lograr su deseo.
El anciano se incorporó y anduvo unos pasos hasta colocarse frente a la ventana desde donde podía contemplar su jardín.
- "Este bello y armonioso jardín es creación mía", dijo. "Cada brizna de hierba está plantada con estas manos cansadas. Aunque crezca bañada por el sol y regada por la lluvia, yo siempre la mantengo a la medida que quiero. He levantado cada roca que decora este jardín y la he colocado exactamente donde deseaba. Si alguna de ellas me pareció no estar en armonía, la he hecho añicos para eliminarla. Antes de plantar ni un solo árbol o planta, arranqué todas las malas hierbas. Y sigo arrancándolas cada día aunque insistan en rebrotar. Obsérvalo bien, no hay nada en él dejado al azar. Es tal y como lo imaginé cuando todo esto era apenas un desierto yermo. Incluso el canto de los pajarillos que ahora lo habitan, estuvo primero en mi mente. Es tal y como yo quiero que sea."
Marat estaba maravillado observando aquel hermoso jardín y escuchando las palabras de aquel anciano, de quien esperaba la solución a su problema.
- "Nada más te enseñaré hoy", sentenció el anciano. "Si realmente quieres obtener la respuesta, deberás aprenderla por ti mismo, pues así tendrá un efecto que no tendría si la obtienes de mis labios. Si realmente la quieres, disponte a pagar el precio que vale."
El joven estaba decidido a obtener lo que había venido a buscar.
- "Estoy dispuesto a pagar el precio, Maestro", dijo con determinación. "Sepa que mi padre es un comerciante muy rico, y acepte el hermoso corcel que me ha regalado para hacer este viaje, como adelanto por sus enseñanzas."
- "No seas necio", dijo el sabio, "el precio lo pagarás tú y no tu padre. Monta tu caballo tomando dirección al norte, y cuando hayas cruzado el río desmonta en la primera pradera que encuentres, libéralo de toda carga y siéntate a esperar. No pierdas ningún detalle. Sí joven, lo primero que tienes que aprender, te lo enseñará un caballo. Luego vuelve, la segunda lección te la dará el río."
Las primeras praderas estaban apenas a media jornada de camino. Cuando Marat llegó hizo lo que le había demandado su maestro. El caballo estaba tranquilo, y permaneció junto a él toda la tarde. Primero sereno. Luego empezó a trotar, trazando pequeños círculos al rededor de su amo, en los que iba cambiando de dirección, cada vez con más frecuencia. A continuación, los círculos empezaron a hacerse más y más grandes. Finalmente, hizo un relincho vigoroso, y desapareció al galope en la llanura.
Invadido por la duda, lo primero que pensó el joven, fue que si había aprendido algo, era una forma estúpida de perder un valioso corcel. En ese momento estuvo a punto de renunciar a su meta en la primera dificultad. Afortunadamente para él no lo hizo. La renuncia devalúa la madera de la que estamos hechos, y entrega algo de nosotros, que como todo lo de valor, es fácil de perder y costoso de recuperar.
El fervoroso deseo de obtener su propósito, le hizo recordar las palabras del anciano: “No pierdas ningún detalle”.
El joven cerró entonces los ojos, y reprodujo en su imaginación, cada uno de los movimientos de su caballo. "¡Claro!", pensó. "El caballo no fue libre cuando yo corté sus riendas. El caballo fue libre cuando se supo libre."
Contento por saberse victorioso en la primera prueba, el joven emprendió el camino de vuelta. Al llegar al río, cayó en la cuenta de que lo había cruzado a caballo, y que ahora a píe, los rápidos y la profundidad se lo impedirían. Creyó que la solución estaría en vadearlo en otro lugar, pero si se dirigía al nacimiento, pronto encontraba un enorme salto, y si se dirigía a la desembocadura, cada vez se hacía más rápido y profundo.
El aliento que le había conferido su primera victoria, lo llenó de coraje y saltó al agua. Tras las primeras brazadas vio como la orilla de enfrente se desplazaba a gran velocidad. Sintió tanto pánico, que volvió hacia atrás, saliendo del agua unos cuantos metros en dirección a la corriente.
- "Nunca cruzaré el río. Las patas de mi caballo eran fuertes, pero a mí, a mí me arrastrará hasta que pierda el fuelle, y acabaré ahogándome", se dijo desesperado.
Hizo noche en el río, pensando en abandonar y volver a casa.
- "Pero, ¿cómo?. Mi casa está al sur y para renunciar, también se hace preciso vadear el río."
Llevado por su entusiasmo, no se había percatado de que el viejo zorro lo había puesto en una tesitura sin elección.
La mañana siguiente, era como cualquier otra mañana de verano en aquellos lugares. El viento soplaba tenuemente moviendo la vegetación. Los animalitos continuaban con su despreocupada vida, y el río seguía allí, ignorando que fuera un problema para nadie. Fue entonces y sólo entonces, cuando Marat entendió que aquel río, era profundo y rápido sólo en su interior. Así que se sentó frente a él, cerró los ojos, y empezó a imaginarlo como aquel arroyo que, en cierta manera, le había conducido hasta allí. Y fue allí, en su interior, donde lo diseñó en calma y sin peligro. Luego trazó la línea recta que lo conducía hasta la otra orilla, y al abrir los ojos, cayó en la cuenta de que había nadado distancias como aquella cientos de veces. Que la velocidad del agua no debía preocuparle si no luchaba en su contra, y que si en su nado seguía aquella línea que había trazado en su mente, sólo tenía que dar una brazada después de la otra.
Volvió a saltar al agua, pero esta vez con los ojos cerrados. Los abrió cuando tocó las rocas de la otra orilla mucha distancia aguas abajo. En aquella majestuosa mañana de verano, un simple río le había enseñado que hay fronteras, que sólo son tales si así las vemos en nuestros corazones.
Eufórico, Marat tomó camino hacia la morada del Viejo Sabio. Y al llegar, encontró sólo una choza abandonada y polvorienta en medio de una llanura yerma. Donde imaginó un bello jardín, del que arrancó la hierba del rencor, y también la de la ofensa y la injusticia. Y las siguió arrancando cada mañana. Donde rompió en pedacitos la roca de los miedos y la desesperanza. Donde plantó el árbol de la prosperidad, y también el del amor. Donde dejó de sentirse arroyo, donde fue corriente.
jueves, 7 de mayo de 2015
EL HILO ROJO (liao yanping)
Érase una vez, en la chína antígua, un alto funcíonario llamado Wu quíen, después de díez años de casado, no tenía ningún hijo.
Preocupado por el tema, el matrímonío acudío a todo típo de sabíos y medícínas mílagrosas, pero ningún niño les nacíó.
Una noche, pensando en el problema, el funcionario no pudo dormir y se fue a pasear por el parque que estaba detrás de la casa, donde se via la luna llena, tan redonda como un plato.
El hombre sintió un escalofrío al recibir el viento fuerte nocturno y decidio volver a casa cuando, de repente, entrevió una figura humana sentada en el fondo del parque.
El funcionario quiso asegurarse y se acercó, vio a un anciano que leía, con la espalda apoyada en un saco.
El libro era muy grande y la escritura parecia huellas de insecto.
Lleno de curiosidad el funcionario Wu pregunto al viejo que clase de libro era.
El anciano levantó la cabeza.
Tenia las mejillas rosadas a pesar de la gelidez invernal que le rodeaba.
Sonrio y dijo:
No lo vas a entender porque no es un libro mortal.
¿pues que libro es?Pregunto el joven.
Es un libro del cielo , de los dioses.
Entonces el joven se dio cuenta de que tenia delante de el a un inmortal y le pregunto:
Si usted es del otro mundo ¿que hace por aqui?
El anciano miro a su alrededor y contesto:
Porque nos ocupamos de los hombres. Venimos a la tierra a dar una vuelta de vez en cuando y en mi caso, lo suelo hacer en las noche de luna llena, ya que mi nombre oficial es anciano de la Luna.
El funcionario , que cada vez sitio más curiosidad, decidio investigar todo lo que pudiera:¿Cual es su ocupacion?
Me encargo de amparejar padres e hijos-contesto.
Encantado por aquella coincidencia, el joven quiso aprovechar la ocasion y le conto su desgracia . Al final dijo:
Ayer el medico de la corte le dio a mi esposa una bola condensada de hierbas eficientes¿usted cree que dara resultado?
El anciano miro determinadamente en su libro durante mucho rato y luego contesto:
No lo creo. Tu hija ya ha nacido, porqe lo he escrito en mi libro. Tiene cinco meses y cuando tenga cuatro años, se reunira con vosotros.
El joven se quedo perplejo y entonces se fijo en el saco en el que el anciano se apoyaba y le pregunto:
¿que lleva usted en el saco?
El anciano contesto:
Hilos rojos para atar las muñecas de los padres y los hijos. Esto no se ve en la vida mortal, pero una vez estan atados ya no pueden separarse.Estan unidos desde que nacen y para nada cuenta la distancia que los separe o que sus familias sean enemigas, o su posicion social.Tardeo temprano se unirán. He visto que tu y tu esposa ya estais unidos a vuestra futura hija, asi que no hay nada que hacer salvo esperar.
¿Pero donde esta mi futura hija?¿que hace su familia? pregunto einquieto el funcionario.
No esta lejos de aqui.Es la niña que esta con la verdulera del mercado del pueblo-contesto el anciano tranquilamente.
Ja,Ja Ja, ¡Que tonteria dice usted! mi familia es noble y yo soy un alto funcionario de la corte ¿como voy a tener una hija de la vendedora de coles chinas?
Riendose a carcajadas , el joven regreso a casa a dormir.
Pero al día siguiente cuando recordo lo que habia ocurrido la noche anterior, el funcionario penso¿y si fuese verdad lo que dijo el anciano de la Luna?
Muy inquieto, el funcionario mando a su criado a ver si en el mercado realmente habia tal verdulera y este volvio a todo correr diciendo que si estaba la vieja vendedora con un bebé en brazos vendiendo verduras.
Ambas iban vestidas con harapos.-añadio el criado.
El joven funcionario sintio que la ternura se apoderaba de el y penso:pobre criatura, pero mi posicion social no me permite tenerla entre mis brazos.
Entro en su estudio, saco un collar de perlas de jade y se lo entrego a su criado:daselo a la vendedora para que compre ropa y comida a la niña.
Dile que se vallan de alli, cuanto mas lejos mejor.
Trancurrieron tres años y el matrimonio Wu continuaba sin tener hijos. Impresionado por su inteligencia y habilidad el ministro le ofrecio a una de sus hijas en adopcion.
Era una niña hermosa y de buena cuna. El matrimonio Wu la acepto con lagrimas en los ojos.
Por la noche, antes de acostarla de repente descubrio, en el cuello de la niña el collar de perlas de jade que le dio a la vendedora de verduras hace varios años ¿porque lo lleva mi hija?
Al dia siguiente Wu se lo comento al ministro y este le conto que en realidad esta niña no era hija suya sino de su hermano que murio, junto con su esposa, en una inundacion hace cuatro años.Como yo estaba en una ciudad fronteriza cumpliendo mis deberes se la llevo su nodriza que se habia convertido en una vendedora de verduras al perder el trabajo en casa de suhermano.Hace mas de tres años un hombre bondadoso le dio ese collar de jade. La nodriza lo considero un objeto de suerte, se lo colgo en el cuello de mi sobrina y le puso el nombre de Yu Er , la niña de jade.
Al oir estas palabras el funcionario Wu exclamo que extraño es el destino y fue corriendo a contarselo a su esposa.
Al saber la verdad, la mujer quiso conocer al anciano de la luna y acudia al parque todas las noches de luna llena durante mucho tiempo hasta que una noche, cuando la luz de la luna llena alumbraba como si fuera de dia, el anciano aparecio con su libro y su saco de hilos rojos.
La mujer se acerco a todo correr y le hizo una reverencia:
Señor de mi alma, estoy tan agradecida por la niña que nos ha dado usted que no podria vivir tranquila si no le diera las gracias. pero confero la mujer en este mundo hay muchas mujeres como yo que sufren la desgracia de no tener hijos ¿porque no las une a todas con su hilo rojo magico con los niños sin familias?
Mujer de corazon , el amor materno es el mas grandioso de todo: ¡tu deseo sera cumpido!
Desde entonces, el matrimonio Wu con su hija vivieron felizmente. Y muchisimos años despues en la capital del pais aparecio una casa que se llamaba CCAA O CASA CHINA DE ADOPCION Y ACOGIMIENTO.
Se dice que el viejo Anciano de la luna les dío los hilos rojos para que aten a las personas que quieran hijos a los niños que no tengan familia.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Como Bailar Bajo La Lluvia
Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.
Comprobé sus señales vitales y …le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida. Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.
El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa.
Le pregunté sobre la salud de ella. El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.
Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. Me sorprendió, y entonces le pregunté, ‘Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?’ El sonrió y me acarició la mano’Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella.’
Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé, ‘Ese es el tipo de Amor que quiero en mi Vida.’ El Amor Verdadero no es físico, ni romántico.
El Amor Verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será. La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden.
‘La vida no se trata de cómo sobrevivir a una tempestad, sino cómo bailar bajo la lluvia.
martes, 5 de mayo de 2015
La Mariposa Azul
Había un
viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre
hacían muchas preguntas. Algunas
de ellas, él sabía responder, a otras no…
Como
pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las niñas de vacaciones con un
sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio
siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar.
Impacientes
con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría
responder.
Entonces,
una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al
sabio.
-¿Qué
vas a hacer?-preguntó la hermana.
-Voy a
esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta-
-Si él
dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está
viva, la apretaré y la aplastaré.
Y así,
cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!-
Las dos
niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
– Tengo
aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?-
Muy
calmadamente el sabio sonrió y respondió:
-Depende de ti… Ella está en tus manos.
lunes, 4 de mayo de 2015
El Corcho
Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención, una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.
Decidió presentarse:
- “Permiso, soy el inspector de turno... ¿algún problema?”
- “Estoy abrumada señor, no se qué hacer con estos chicos... No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles...”
El inspector, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos:
- “¿Qué es esto?”
- “Un corcho señor...”, gritaron los alumnos sorprendidos.
- “Bien, ¿De dónde sale el corcho?”
- “De la botella señor. Lo coloca una máquina.., del alcornoque, de un árbol .... de la madera...”, respondían animosos los niños.
- “¿Y qué se puede hacer con madera?”, continuaba entusiasta el docente.
- “Sillas..., una mesa..., un barco...”
- “Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia argentina pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?...”, y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión…
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida:
- “Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas gracias.”
Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden...
- “Señorita... ¿Qué pasó? ¿No se acuerda de mí?”
- “Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?”
Enrique Mariscal
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






