Un monje
andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó
en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para
compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El
monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo
con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle
riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después
volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le
suplicó: "Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya,
dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí".
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lunes, 11 de mayo de 2015
lunes, 1 de noviembre de 2010
Saber Dar
El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente. Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto.
Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul
"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien", -Dice ella.
El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
"¿Eso alcanza?"
Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. "Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar, que es del color de sus ojos".
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
"Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado".
Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.
Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
"¿Este collar fue comprado aquí?
"Sí señora".
"¿Y cuanto costó?
"Ah!", - habló el dueño del negocio-, "El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven continuó:
"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero ¿No?. Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.
"Ella pagó el precio mas alto que cualquier persona puede pagar.
ELLA DIO TODO LO QUE TENIA"
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul
"Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien", -Dice ella.
El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:
-¿Cuánto dinero tienes?
Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:
"¿Eso alcanza?"
Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. "Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar, que es del color de sus ojos".
El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.
"Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado".
Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.
Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:
"¿Este collar fue comprado aquí?
"Sí señora".
"¿Y cuanto costó?
"Ah!", - habló el dueño del negocio-, "El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven continuó:
"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero ¿No?. Ella no tendría dinero para pagarlo".
El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.
"Ella pagó el precio mas alto que cualquier persona puede pagar.
ELLA DIO TODO LO QUE TENIA"
El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.
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