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miércoles, 19 de agosto de 2015

Las Percepciones Del Rey


Un poderoso rey encontró finalmente el amor. Su joven esposa tenía todas las condiciones que un hombre pudiera desear en la vida. Además de ser hermosa y atractiva, era alegre y entusiasta, con un corazón amoroso siempre abierto a ayudar a los demás. El amor fluía entre ellos como en pocas ocasiones se había visto.

En los actos protocolares ella caminaba orgullosa a la par del rey. Muy alagado el monarca pensaba: “Cuánto me quiere. Ella sabe que el protocolo indica que debe permanecer detrás de mí, que mis súbditos pueden ir a prisión si no hacen eso, sin embargo ella me ama tanto que siempre quiere estar a mi lado”.

En cierta ocasión, ella se disponía a comer una manzana. Era la última que quedaba y tenía un brillo que la hacía realmente apetitosa. En eso llegó el rey y al ver aquella fruta resplandeciente manifestó su deseo de comerla. Ella lo miró con dulzura, le dijo que era la última que quedaba pero que no tenía problema en compartirla. Tomó un cuchillo, la cortó en dos y de inmediato le ofreció una de las mitades a su esposo. El monarca pensó: “Cuánto me quiere. Ella es capaz de compartir lo que sea conmigo. Que suerte he tenido”.

Pasaron unos años antes que se presentaran problemas en la pareja. Tras un fuerte altercado, ella se retiró del amplio salón en el que discutían, dejando al Rey solo. De inmediato el soberano mandó a llamar a su consejero para quejarse amargamente de su esposa.

- Ella nunca me quiso – decía lleno de rabia -, cada vez que tenemos un acto protocolar es incapaz de permanecer detrás de mi, siempre se pone a mi lado y olvida que yo soy el monarca y que nadie puede ponerse a la par del rey. Es una insolente, no me ama, no respeta la dignidad de mi majestad. Lo que siempre quiere es brillar ella por encima de mí.

- Pero su majestad – alcanzó a decir el consejero.

- No me interrumpa – gritó el rey –. Definitivamente ella dejó de amarme hace mucho tiempo. Recuerdo aquella vez que llegué hambriento, solamente había una manzana y ella fue incapaz de dármela. Lo único que alcanzó a hacer fue cortarla en dos y darme el trozo más pequeño. Que insolencia, tratar así al Rey, ¿no se da cuenta que ella es sólo un súbdito? He mandado a cortar muchas cabezas por mucho menos que eso.

Y las quejas continuaron por mucho tiempo…

Un hecho puede ser visto desde distintas perspectivas por una misma persona dependiendo de su estado de ánimo y/o de la condición emocional en que se encuentra. ¿Cuántas veces hemos dejado que un pésimo estado de ánimo o una mala actitud mental desvirtúe la belleza, las virtudes y las bondades de quienes tenemos a nuestro lado?

viernes, 22 de mayo de 2015

Dejar Secar La Ira


Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.

Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.
Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá "¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo".
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
 "Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó.
¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.

Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo".
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.
Un rato después sonó el timbre de la puerta...Era Julia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:
"Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?
Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!“
"¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo ensuciado de lodo".
Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.


Acuérdate siempre: ¡ Deja la ira secar !

sábado, 25 de abril de 2015

El Bote


Un hombre estaba remando en su bote, corriente arriba, durante una mañana muy brumosa. De repente vio que otro bote venía corriente abajo, sin intentar evitarle. Avanzaba de forma tan directa hacia él que comenzó a gritar:

- “¡Cuidado!¡Cuidado!”, pero aún así, el bote le dio de lleno, y casi lo hizo naufragar.

El hombre estaba muy enfadado y empezó a gritar a la otra persona, para que se enterara de lo que pensaba de ella. En ese momento pudo observar el bote más de cerca. Fue precisamente allí donde se dio cuenta que estaba vacío

Thich Nhat Hanh

sábado, 13 de noviembre de 2010

El Rio

Un cuento sobre la intolerancia…

Una señora vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jovenzuelos se bañan desnudos delante de su casa. El inspector manda a un subalterno que diga a los chicos que no se bañen delante de la casa, sino río arriba donde ya no hay casas. Al cabo de unos días, la dama llama de nuevo por teléfono: los jóvenes nadan todavía al alcance de la vista. El policía vuelve y los manda más arriba. Unos días des¬pués, la señora indignada acude otra vez al ins¬pector y se queja: «Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos».
Uno puede preguntarse: ¿Qué hará la dama, cuando finalmente ya no pueda ver a los chicos desde su casa? Tal vez dará un paseo río arriba, o tal vez le baste la seguridad de que en alguna parte hay quien se baña desnudo. Lo cierto es que seguirá dando vueltas a la idea. Y lo más importante en una idea fija es que es capaz de crear su propia realidad.
Un cuento sobre la intolerancia…

Una señora vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jovenzuelos se bañan desnudos delante de su casa. El inspector manda a un subalterno que diga a los chicos que no se bañen delante de la casa, sino río arriba donde ya no hay casas. Al cabo de unos días, la dama llama de nuevo por teléfono: los jóvenes nadan todavía al alcance de la vista. El policía vuelve y los manda más arriba. Unos días des¬pués, la señora indignada acude otra vez al ins¬pector y se queja: «Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos».
Uno puede preguntarse: ¿Qué hará la dama, cuando finalmente ya no pueda ver a los chicos desde su casa? Tal vez dará un paseo río arriba, o tal vez le baste la seguridad de que en alguna parte hay quien se baña desnudo. Lo cierto es que seguirá dando vueltas a la idea. Y lo más importante en una idea fija es que es capaz de crear su propia realidad.

lunes, 2 de marzo de 2009

Diez Angeles

Diez ángeles caminan junto a mí, todos los días.
Diez ángeles que me guían, me consuelan y me protegen.
Me acompañan desde que yo era muy joven.

De repente me preguntarás, “¿Porqué diez?
¿Qué tienes tú de especial?
¿Porqué no uno, dos, o tres?
¿Porqué diez?
Yo creo que no necesitas tantos”.

Verás, cada ángel tiene un trabajo determinado que hacer.
Sí, parece que hasta los ángeles se especializan.
Todos conocemos a
Fé, Esperanza y Caridad.
Son ángeles de maravilla, y ¡tienen tanto trabajo!

Pero hay siete ángeles más, y todos

nos consuelan y nos protegen.

Al cuarto ángel le llamo

Tolerancia,

a quien, mucho me temo, no llamamos lo suficiente, porque, si así fuera, no habría odio ni prejuicios.
Al siguiente ángel es a quien llamo

Perdón,

al cual tampoco llamamos con frecuencia.
¿A quién de nosotros no le vendría bien, más Perdón en nuestros corazones?
Y luego tenemos al ángel a quien llamo

Belleza.

Vemos tantas cosas feas en la vida, que no conozco una sola alma que no quisiera tener más Belleza en su vida.
Los dos ángeles siguientes son los gemelos a quienes llamo
Alegría y Felicidad.

Muchas veces se les ve caminando de la mano.
Mi ángel favorito es el llamado
Amigo.

Este angelito es el que puede realmente dar riqueza a nuestras vidas.
A menudo le escucho decir,
“Para tener un amigo,
primero TÚ debes serlo"

¿Y sabes una cosa?, ¡¡funciona!!
Y, finalmente, pero no por eso de menor importancia, está el ángel que llamo
Amor.


A veces se le vé tan tímido, que parece estuviera durmiendo.
Pero siempre está cerca.
Si tan sólo le abriéramos nuestros corazones y le dejáramos entrar.
Si lo hiciéramos, entonces sería más fácil que viéramos a todos los demás Angeles.
Yo sí creo que todos tenemos Diez Ángeles que nos acompañan siempre.
Son enviados de Dios, para estar con nosotros, para guiarnos, y protegernos hasta el día que nos unamos a Él, en aquel lugar que llamamos Cielo.