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domingo, 28 de abril de 2019

EL SALÓN DEL SOL: CUENTO DE PERSEVERANCIA

Adela no era como las demás niñas. No le gustaban las muñecas ni los juegos de té. Le fascinaban los modelos para armar, los trenes eléctricos y los rompecabezas. Un día, por un anuncio, se enteró de la gran noticia: ¡Ya estaba a la venta el rompecabezas más grande del mundo! Tenía 24,000 piezas, medía cuatro metros de largo y presentaba imágenes de todo lo más hermoso que hay.
Cuando cumplió diez años, su padre, don Amado, lo encargó de Europa y se lo regaló. También acondicionó una gran habitación de su casa en el centro de Guanajuato en la que entraba mucha luz y colocó una mesa del tamaño apropiado para el trabajo: “Éste es el salón del sol”, le dijo al invitarla a pasar; juntos abrieron la caja y seleccionaron las piezas de las orillas a lo largo de veinte meses. Don Amado murió cuando Adela tenía dieciséis años; regresando del entierro, sin pensarlo, ella siguió con el rompecabezas, que apenas tenía una quinta parte completa.
Permanecía horas en el salón del sol y mientras seleccionaba las partes de color igual, recordaba a su padre. A los veinte, al regresar del internado, besó a su madre, a sus hermanos, y fue corriendo al salón. Dedicaba cualquier rato libre a completar la tarea que había iniciado en su infancia. Cuando el guapo Martín le propuso matrimonio ella le planteó una condición: “Sí, mi amor, pero ayúdame a buscar la cabeza de la cebra, que no hallo”.
Nacieron sus hijos: tantito los arrullaba y los amamantaba, tantito colocaba nuevas piezas. Cuando Martín chico comenzó a caminar ya había completado los peces. Cuando Amelia salió de primaria alcanzaba a verse el arco-iris. Ernesto se graduó y ayudó a su madre con la ciudad sumergida. “¡Es la Atlántida!” dijeron y se abrazaron emocionados al reconocerlo. A los cincuenta años Adela enfermó de gravedad. El médico le recomendó reposo y, aunque se sentía débil, a diario pasaba unas horas entregada a su tarea. Sus nietos eran pólvora… Adela temía que perdieran piezas; sin embargo, cariñosamente guiaba sus manos (sucias de tierra y caramelo) para que colocaran alguna en su lugar.
Cuando enviudó sólo faltaban detalles. Sin querer humedecía las piezas con sus lágrimas y las secaba con el pañuelo. Su vista se nublaba, pero sus dedos reconocían los contornos. Habían pasado sesenta años desde el día en que don Amado le llevó el regalo y ya podía verse todo: los animales, los globos, los veleros, las águilas, los planetas… Sus manos temblorosas alcanzaron a completar la Luna. Faltaba sólo una pieza, la punta del ciprés, cuando doña Adela quedó dormida para siempre sobre ese mundo. Ángel, su nieto, la encontró así aquel mediodía en que el salón del sol parecía hecho sólo de luz. Puso en su lugar la última pieza y acarició a la abuela. Dice que ahora vive en la isla, en la casa de tejado rojo que hay en el centro de la imagen, entre los árboles y el faro que ella construyó a lo largo de su vida.

miércoles, 23 de enero de 2019

LA CUCAÑA IMPOSIBLE

En un pueblo, un día se organizó una gran prueba. Se instalaron cincuenta mástiles de madera lisos de 10 metros de altura que luego se cubrieron de grasa. El reto para los participantes consistía en llegar a lo alto de la cucaña alzando una carga adicional equivalente al peso de cada individuo.
Viendo la dificultad de la prueba, los habitantes del pueblo miraban a los participantes y comentaban en voz alta: “eso es imposible, ninguno lo puede conseguir, no pasarán de dos metros”.
A medida que los 50 candidatos intentaban desesperados trepar por el palo y no conseguían elevarse, las afirmaciones del público cogían más fuerza: “veis, no lo va a conseguir nadie, esta prueba es imposible”.
Rápidamente, la mayoría de los participantes dejó de intentarlo. Pero un grupo de una decena conseguía muy poco a poco elevarse con su pesada carga a lo largo del mástil resbaladizo.
Viendo el tremendo esfuerzo de los que seguían, el público volvió a hablar. “Apenas han ganado terreno. Se están cansando para nada. Estos mástiles son demasiado largos. Nadie lo puede conseguir”.
A los pocos minutos, casi todos los candidatos que quedaban se desanimaron y abandonaron. Solo quedo un hombre. Bajo las miradas atónitas del público, un señor de pequeña complexión avanzaba poco a poco y con gran esfuerzo hacia la cima.
Cuando llegó a mitad de camino, mostrando un gran cansancio, los espectadores comentaban: “Ha demostrado ser valiente. Que pena que no le vaya a servir para nada. Ya está muy cansado. Debería dejarlo ya. Mejor abandonar ahora que cuando este totalmente agotado y se arriesgue a caer y herirse”.
Pero el hombre siguió, y después de un tremendo sacrificio, consiguió llegar a lo alto del mástil. Cogió la bandera que representaba su logro y se dejó deslizar hacia abajo.
Enseguida la muchedumbre le rodeó y le preguntó: “¿Cómo lo ha hecho?”
El hombre no respondió. Era sordo.
Enseñanza:
No dejes que los demás te digan lo que puede hacer y lo que no puedes. Recuerda este videode “La búsqueda de la felicidad”. Los emprendedores saben muy bien a que nos referimos. Cuando quieras lanzar tu proyecto muchas de tus personas más cercanas intentarán desanimarte, con buena fe, porque piensan que no lo puedes conseguir. Haz un ejercicio de autoconocimiento y valora si te sientes preparado o no, pero no hagas caso a los demás.

miércoles, 3 de agosto de 2016

EL PRINCIPE Y EL GNOMO

Trasladen su conciencia a un lugar muy bello, a un paraíso en esta tierra. Dispóngase a escuchar un cuento sentados cómodamente para que puedan percibir de una manera vivencial lo que les vamos ir contando. Disfruten del paisaje, perciban el olor de las flores, de la hierba húmeda de este gran paraíso.
Observen como vuelan las aves, sientan el revolotear de las mariposas a su alrededor, sientan a todos los seres que los acogen con amor.
Dentro de este mágico lugar se encuentra un pequeño príncipe, con un corazón lleno de amor y con un desbordante anhelo de vivir. Este príncipe tiene un padre muy generoso que le obsequia todo cuanto quisiere, pues como heredero de todo ese gran reino, tenía todo lo que un ser humano pudiera desear, todo esto le pertenecía a él y cualquiera daría todo por tener la riqueza que él tenía.
Sin embargo, dentro de su corazón sentía una profunda tristeza porque no era eso lo que él quería. Su naturaleza divina lo impulsaba a aspirar cosas que su padre no le podía dar, que no podía conseguir con toda su riqueza.
La gente del pueblo viendo su tristeza, no entendía por qué, si aparentemente tenía todo, no era feliz.
Un día, jugando por el bosque, se encontró con un pequeño gnomo que percibió su tristeza y le preguntó:
_"¿Qué es lo que buscas, pequeño príncipe?"
Y el niño viendo hacia el cielo, le respondió:
"_Yo quiero una estrella, quiero ser como una de ellas, más no sé cómo hacerlo."
_"¿Quién me podrá dar esa estrella?"
Y el gnomo respondió:
"_Nadie te la dará, porque la estrella se tiene que conquistar y para llegar a ella y ser como ella, sólo a través del corazón, del trabajo, del amor, podrás alcanzarla. Porque cada estrella es el ser que refleja luz de Dios. Si quieres ser una estrella tendrás que trabajar mucho para convertirte en ella."
Si ustedes tienen el verdadero anhelo de ser una estrella, deberán trabajar desarrollando las virtudes. Pues sólo los que trabajan duro pueden ir reflejando la luz interior.
Este es para los que perseveran, los demás se van quedando en el camino, atrapados por las trampas de la vida.

martes, 19 de julio de 2016

No son fracasos, es el camino al éxito

Cuando Thomas Alva Edison trabajaba en uno de sus inventos, tuvo muchos problemas con una pieza en particular. Hizo cerca de doscientas de estas piezas, pero una tras otra falló y sus colaboradores empezaron a desanimarse por todos los fracasos consecutivos. Sin entender mucho lo que pasaba, el más joven de sus ayudantes le preguntó:

- ¿Qué está haciendo ahora?

- Trato de encontrar un nuevo tipo de acumulador – respondió Edison -, ya he experimentado con unos doscientos prototipos.

- Pero ha fracasado una y otra vez – dijo el joven.

- No – replicó tajantemente Edison –, no he fracasado ni una sola vez.

- Pero nunca han funcionado, esos no son buenos resultados.

- Mis resultados han sido extraordinarios. Ya sé que hay doscientas fórmulas que no me sirven para nada.

Con optimismo y perseverancia, Edison siguió trabajando y poco tiempo después, en 1877, presentó su nuevo invento, el fonógrafo, el primer aparato capaz de grabar y reproducir sonidos.

miércoles, 6 de julio de 2016

Nahuel quiere cantar

‘¡Vete y no vengas más! La música no es para ti’. Al escuchar a su profesora Nahuel se puso muy triste y, completamente confundido y frustrado, abandonó la clase de canto. No hay nada más triste para un niño que oír de labios de un mayor en el que confía que justo lo único que desea hacer en su vida no es para él.
Por suerte, Nahuel era un niño muy seguro de sí mismo; y la negativa de su profesora de canto de seguir enseñándole le sirvió como impulso para buscar su propio camino. Le esperaban momentos de mucha desesperación que sabría enfrentar con todas sus energías. Comenzó escuchando todo lo que llegaba a sus manos y entrenando su oído con disciplina. Una tarde se dijo ‘si aprendemos a hablar imitando, ¿por qué no hacer lo mismo con la música?’ Así fue como empezó a imitar a sus cantantes favoritos. Pero tampoco conseguía demasiado con ello; podía imitarlos pero algo había en su voz que sonaba sumamente raro y descontrolado.
Una tarde, mientras dejaba pasar el día sentado en el banco de un parque, se le acercó un joven que traía un inmenso armatoste en una mano, su contrabajo. Se pusieron a conversar; Nahuel no perdía un sólo momento para aprender más cosas relacionadas con el mundo de la música del que se sentía totalmente enamorado.
En un momento el joven le dijo ‘Tú tienes una voz maravillosa. Tu problema es que no confías en ti e intentas hacer lo que hacen otros; no dejas fluir tu propia voz. Sería bueno que tomaras clases para aprender cuestiones importantes respecto a la técnica, pero antes de ello tienes que encontrar tu voz’.
Desde ese día la vida de Nahuel cambió para siempre. Comenzó a soltarse y lo que encontró que era capaz de hacer con su voz lo dejó asombrado. Atrás había quedado ese día en que la profesora lo echó de la clase; pero no en vano.
Una tarde mientras ella disfrutaba de un concierto importante que se realizaba en su ciudad descubrió que Nahuel era uno de los cantantes principales. Al finalizar el concierto se le acercó y le pidió disculpas por haberlo tratado tan duramente aquella tarde. Nahuel ya había andado demasiado y se sentía a gusto consigo mismo; le dijo que lo sentía muchísimo pero que no la recordaba, ‘pero le agradezco que haya venido a verme’, le dijo. Y ella abandonó el teatro cabizbaja mientras él continuaba saludando a la gente y haciéndose fotos con el público.

viernes, 2 de octubre de 2015

Las Dos Ranita


Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre salieron a pasear por una hermosa mansión. Cuando llegaron a la cocina en busca de algo de comer, se resbalaron en unas gotas de aceite para caer en una gran olla de crema.Ambas desesperadas comenzaron a defenderse de la masa movediza que las iba devorando, hasta que una de ella dijo:-Querida amiga ha llegado mi hora, por más que me esfuerce nunca podré salir con vida de esta situación, no tengo opción yo me entrego, mi vida ha terminado… Y dejando de patalear, lentamente fue desapareciendo de la superficie.


La amiga, por su parte pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que no me entregaré, en todo caso seguiré luchando hasta que Dios me llamé, pero que antes observe que hice todo lo imposible para conservar mi vida.La ranita siguió sin descanso moviendo sus patas, y lo hizo con tanta decisión y con tanta voluntad,que sin darse cuenta la crema se convirtió en manteca, pudiendo pisar firme y escapar tranquilamente.

jueves, 21 de mayo de 2015

No Hay Nada Imposible


Cuenta una leyenda que había unos niños patinando sobre una laguna congelada.
Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación; cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. Otro niño, viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar, con esa piedra y sus manos tan pequeñas!!!!
En ese instante apareció un anciano y dijo:
"Yo se cómo lo hizo".
"¿Cómo ?", le preguntaron al anciano , y él contestó:
"No había nadie a su alrededor que le dijera que no se podía hacer"...

“Como no sabían que era imposible lo hicieron” 
ANÓNIMO.

lunes, 6 de abril de 2015

Que Alguien Mueva esa Sandia

En la Gran Bañera del Bosque vivían cientos de pequeños insectos y bichitos. Era una simple bañera abandonada, pero resultaba un lugar perfecto para vivir, donde solo había que tener cuidado con el desagüe de la bañera para que no quedara obstruido y una lluvia inoportuna los hiciera morir ahogados. Por eso los forzudos escarabajos eran los encargados de vigilar el desagüe.

Pero una mañana, el desagüe amaneció taponado por una enorme sandía ¡Qué tragedia! Era una fruta tan grande que ni el escarabajo más grande, ni los cinco escarabajos más grandes, ni siquiera todos los escarabajos juntos, pudieron apartarla de allí.

Los insectos más fuertes pusieron toda su energía en la tarea, pero no consiguieron nada. Los más listos aplicaron su inteligencia a encontrar soluciones, y tampoco tuvieron éxito. Finalmente, los más sabios comenzaron a organizar la huida.

Y en medio de tantas penas, una ridícula hormiga extranjera se atrevió a decir que si le dejaban llevarse la sandía ¡Qué graciosilla!

Hicieron falta muchos insectos para calmar a los escarabajos e impedir que aplastaran a la chistosa hormiguita. Pero resultó que la hormiga no estaba bromeando, porque al final del día apareció acompañada por miles y miles de compañeras. Y en perfecto orden, cada una se acercó a la sandía, mordió su trocito, y se lo llevó por donde había venido.

- ¡Pero si así no avanzáis nada! - le dijo un saltamontes a una hormiga que paró un segundo a descansar -. La sandía está igual ahora que antes de tomaras tu trocito.

- ¿Segurrrro? Humm...- respondió con un extraño acento, como si nunca lo hubiera pensado. Y, sin darle más importancia, retomó su marcha.


Pero algo debió hacer aquel trocito, porque solo unos días después no quedaba ni rastro de la gran sandía. Y desde entonces, muchas de las tareas más pesadas en la Gran Bañera se convirtieron en pequeñas, diminutas tareas, que se hacían mejor poquito a poco.

Pedro Pablo Sacristan

lunes, 23 de febrero de 2015

Michael Jordan no fue siempre Michael Jordan: la historia detrás de la leyenda


Michael Jordan perdía siempre contra su hermano Larry en el patio de su casa. No había partido ni enfrentamiento uno contra uno que el pequeño Mike abandonase con una sonrisa en su rostro.
En aquellos años, el básquetbol estaba vinculado a la frustración. La derrota era un condimento adicional en su rutina, un elemento que se introducía con suma naturalidad en sus venas.
"Gané la mayoría de los enfrentamientos hasta que comenzó a responder", dijo Larry."Y entonces, fue el final de nuestros juegos".
El pequeño MJ sufría en cada una de las derrotas, pero le apasionaba el desafío. Era como si cada una de las punzadas recibidas fortaleciera el espíritu en vez de destrozarlo. Era la tortuga y no la liebre: aceptaba lo que tenía delante y lo respetaba para luego, casi como una consecuencia, enfrentarlo hasta superarlo.
"Si llegaba a perder, debía jugar hasta ganar. Esa es la razón por la que, de manera más frecuente, todo terminaba en una pelea", agregó Larry.
Ingresó en D.C. Virgo Junior High School en la primavera de 1978. En aquel entonces, Michael Jordan era el quarterback del equipo de fútbol americano en Pop Warner, y su llegada definitiva al básquetbol fue producto de una casualidad.
MJ pasaba apenas el metro con 77 centímetros. No estaba mal para un muchacho de su edad, pero tampoco lucía como un proyecto de elite en el deporte nacional. Él lo sabía, pero había un chispazo de esperanza que hacía que, su vida de jovencito, sea a los ojos de su familia la condena de Sísifo: esfuerzo y frustración en un mismo propósito.
"Mamá, realmente quiero ser más alto", le decía Michael a su madre Dolaine día tras día."Ve, pon sal en tus zapatos y luego reza".
Cuando iba con su padre James con el mismo cuestionamiento, él abrazaba a su hijo y le susurraba: "Lo tienes en tu corazón. Puedes ser tan alto como deseas en tu pensamiento".
Cuando Mike observó en los pasillos de su colegio que Clifton 'Pop' Herring, coach del equipo de Laney High, realizaría una prueba en noviembre de aquel año en el gimnasio de la institución, no dudó en correr para anotarse cuanto antes. Era un sophomore pero sentía, en lo más profundo de su ser, que algo estaba naciendo en su favor.
Las pruebas comenzaron días después. 50 chicos competían por 15 puestos en el equipo varsity y por otros 15 en el junior varsity. Nadie sabía que, en ese estadio, iba a estar haciendo de las suyas, por dos semanas, quien luego sería el mejor jugador de todos los tiempos.
No se observó algo atípico en la prueba. Y no es para juzgar a quienes la estaban llevando adelante, porque ninguna persona en sus cabales podía anticipar un escenario tan insólito como se comprobó tiempo después. Es decir, se notaba a kilómetros de distancia que ese muchacho sabía manejar el balón, pero su tiro era apenas bueno y su defensa estaba lejos del ideal. En aquella práctica su esfuerzo fue supremo, pero había algo que iba más allá de su corazón. Se trataba de una desventaja imposible de recuperar: su estatura.
Con sólo 1.77m, Mike lucía como un jugador poco esperanzador para este equipo. No había nadie entre aquellos jovencitos que superase el metro noventa, y, como todos los entrenadores de la tierra conocen a fondo, en este deporte los centímetros pesan en la balanza más que el oro y las piedras preciosas.
Sólo uno de los asistentes de Herring había escuchado algo del joven Jordan, pero era sólo un comentario de pasillo. El resto de sus ayudantes ni siquiera sabía de quién estaban hablando cuando lo veían correr de un lado hacia el otro, con mucho más entusiasmo que conceptos claros. Su esmero lo ponía como ejemplo, pero su capacidad global como jugador no despertaba ningún alarido en las tribunas.
Dos semanas después de las prácticas, el cuerpo técnico estaba listo para dictaminar los cortes. Se harían públicos, al igual que los exámenes, con una hoja pegada en la puerta del gimnasio. El joven Mike fue, envuelto en un manojo de nervios, junto a su mejor amigo para leer la decisión final del cuerpo técnico de Laney.
La lista estaba en orden alfabético. Escuchó el grito de felicidad de su amigo Leroy Smith cuando se vio en la lista, y él, confiado, empezó a recorrer los apellidos. Pasó rápidamente por la A, la B, la C. Llegó a la G, H, I, J... y su apellido no estaba ahí. Pensó que se trataba de un error, así que observó nuevamente la lista una, dos, tres veces. Pero no.
El cuerpo técnico le había bajado el pulgar a Michael Jordan. En su lugar habían seleccionado a Smith, un jovencito de 1.95m que podía fortalecer la zona pintada. No se trataba de un corte definitivo: Mike tenía la chance de ingresar en el junior varsity. De todos modos, no era un consuelo. Se sabía, dentro del colegio, que no era lo mismo. Estar en un equipo o en el otro significaba tener una diferente categoría de jugador. Y eso se traducía en respeto.
El joven Mike recibió la noticia por la mañana y se mantuvo en el limbo durante las clases de ese día. Sentía una mezcla de bronca con decepción. Su mirada estaba perdida y deseaba desde lo más profundo de su ser que esa jornada escolar finalizase cuanto antes. Cuando escuchó la campana de salida, tomó sus libros y se esfumó a la velocidad de la luz.
Llegó a su casa y se dirigió directamente a su habitación. Cerró la puerta con llave y lloró como nunca. La frustración había inundado el ambiente, transformando los colores lúcidos en opacos. Tristeza y desahogo eran parte de un mismo envase. Todo lo que buscaba Mike era jugar con su equipo y no lo había conseguido. Sentía que todo el esfuerzo había sido en vano.
Cuando él llegó, su madre estaba en el trabajo. La esperó durante horas. Cuando escuchó el ruido de la puerta, Mike dio un salto al frente. Deloris supo en los ojos de su hijo que algo malo había sucedido.
"Mamá, el coach me ha dejado fuera del equipo", dijo Mike, y de inmediato las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos.
Su madre lo tomó en brazos y lo contuvo lo mejor que pudo, pero no logró evitar llorar con él. Así estuvieron un buen rato. Luego conversaron y fue ahí donde Mike supo que una de las grandes barreras en busca de un objetivo es la frustración. Sin esfuerzo, no hay mérito. Sin decepción, no hay alegría. Sin fracaso, no hay éxito.
Al final de esa temporada, Mike se acercó al entrenador y le pidió si podía viajar con el equipo principal de Laney para el campeonato de distrito. El coach le dijo primero que no, luego que quizás, y finalmente, dentro del gimnasio, durante la tarde que iban a viajar, le comunicó que la única manera de ir con el equipo principal era cargando los uniformes de los jugadores.
"Si eso es lo que usted necesita, lo haré", dijo MJ, ante la sorpresa del entrenador.
El coach lo había empujado a la humillación y él había aceptado. Sabía que era el primer escalón en busca de algo grande que sólo él podía construir. El sueño siempre nace en el corazón, sube a la mente y se extiende en las extremidades.
Entonces, aquella tarde Mike cargó la ropa de los jugadores. Fue difícil porque sus padres habían asistido a ese torneo y cuando lo vieron con los uniformes en sus brazos, tuvieron un pensamiento equivocado.
"Eso fue lo que más me dolió, pensaron que el coach me había llevado para jugar. Y yo estaba cargando la ropa para el resto de los jugadores", dijo Jordan años después alChicago Tribune.
A partir de ese momento, Mike comenzó a trabajar como nunca. Su cambio en el físico colaboró con la causa: pasó de 1.77m a 1.90m en sólo un año y las cosas buenas empezaron a suceder.
Justo antes de su graduación, en 1981, la Universidad de North Carolina lo reclutó con una beca completa. Y a partir de entonces, lo maravilloso se multiplicó: brilló en la NCAA, fue elegido jugador del año, lideró a Estados Unidos al oro olímpico en 1984 con Bobby Knight al mando, y luego, al entrar en la NBA, volvió a vivir la historia que padeció a la edad de 15 años: los Portland Trail Blazers seleccionaron a Sam Bowie en segundo lugar y permitieron que los Chicago Bulls se hagan con sus servicios, en el robo de Draft más grande de todos los tiempos.
UN CHICO NORMAL, UN HOMBRE ESPECIAL 
Los orígenes del mito llamado Michael Jordan conducen, quizás, a la historia motivacional más dulce de este deporte.
Hay muy pocos casos que explican el ascenso de un joven terrenal en sus inicios a un All-Star en el momento cúspide de su carrera. Por lógica, aquellos que nacen con un talento sobrenatural se imponen primero en el playground, luego en el college, luego en la Universidad y finalmente en el básquetbol profesional. El caso de Jordan es tan curioso como extraordinario, porque no hablamos de una figura: MJ ha sido el Dios de la NBA en su modernidad.
"Probablemente fue bueno lo que sucedió en aquel entonces", dijo Jordan al Chicago Tribune. "Me hizo sentir lo que significaba caer en la decepción. Me fortaleció".
Años después, el público presente en el estadio, y el resto del mundo pegado a la pantalla del televisor, rugía al observar su chaqueta roja, sus pantalones cortos y su cuerpo prodigio pisando el parquet una, y otra, y otra vez más.
Llegarían los 63 puntos a los Boston Celtics, los seis campeonatos con los Bulls, los tiros de último segundo, el partido de la fiebre ante el Jazz, su paso por el Dream Team, los All-Star y miles de historias más.
Festejar el final, entonces, es comprender el inicio.
Alcanzar el éxito, en definitiva, es saber moldear la frustración para transformarla en algo superador.
Siempre.

Bruno Altieri

martes, 12 de julio de 2011

SI LA GOLONDRINA LO LOGRÓ... TU TAMBIÉN LO HARÁS

SI LA GOLONDRINA LO LOGRÓ... TU TAMBIÉN LO HARÁS Fue el primero de agosto. Las golondrinas del mar salieron desde algún punto a pocos grados del polo norte. Cruzando dos hemisferios llegarían a la mismísima Antártida. Pero tal vez eso no asombre tanto como el regreso. Partirán desde los hielos permanentes. Deberán volar 17.000 kilómetros con la sola fortaleza de sus propias alas. Deberán hacerlo de día y de noche. En muchos casos durante 3.000 kilómetros de vuelo todo el horizonte a su alrededor será solo el mar. Sin embargo todo lo harán para llegar al mismo punto exacto donde el año anterior dejaron su nido. Y volarán por sobre las olas que podrían hacer naufragar a muchas embarcaciones, sortearán tormentas a la que el más moderno de los aviones no se atrevería, dejarán atrás heladas zonas capaces de hacer fracasar a las expediciones equipadas con la mayor tecnología. No se dejarán tentar por costas tropicales o meridionales... su destino está en el norte... y más tarde o más temprano allí llegarán. Exactamente al objetivo que se habían propuesto.

Si la humilde golondrina del mar puede realizar todos estos esfuerzos por lograr su objetivo... ¿no lo lograremos nosotros? Tenemos las alas de nuestras almas para impulsarnos lo que haga falta. Tendremos que sacar de nuestro interior la fortaleza para no cejar en nuestro intento ni de noche ni de día. No deberemos dejarnos tentar por descender a las costas fáciles. Tampoco creer que nuestros vuelos estarán exentos de tormentas o tempestades. Pero nuestro llamado hacia el objetivo propuesto debe ser más fuerte. Aunque durante jornadas enteras hacia todos los lados veamos sólo olas encrespadas queriéndonos confundir, sabemos que llegaremos.

La humilde golondrina llegó. Tú también lo harás.

lunes, 9 de agosto de 2010

Solo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento

En un funeral, uno a uno los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.
Resulta que en el fondo del ataúd había un espejo, donde al mirar cada uno se veía reflejado, con el siguiente texto:
“Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO”!
Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida. Tu eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y la única que puede ayudarse.
Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable por ella. “Examínate y no te dejes vencer”
“El mundo es como un espejo, que devuelve a cada persona, el reflejo de sus propios pensamientos. La manera como tu encaras la vida es lo que hace la diferencia”.

Lección de perseverancia

¿Te has puesto a observar la actitud de los pájaros ante las adversidades?
Están días y días haciendo su nido, recogiendo materiales, a veces traídos de largas distancias… Y cuando ya está terminado y están listos para poner los huevos, las inclemencias del tiempo, la obra del ser humano o de algún animal lo destruye y tira por el suelo lo que con tanto esfuerzo se logró.
¿Qué hace el pájaro? ¿Se paraliza, abandona la tarea? De ninguna manera. Vuelve a comenzar una y otra vez, hasta que en el nido aparecen los primeros huevos.
A veces (muchas veces) antes de que nazcan los pichones algún animal, un niño, una tormenta, vuelve a destruir el nido, pero esta vez con su precioso contenido.
Duele recomenzar desde cero…Pero aún así el pájaro jamás enmudece, ni retrocede, sigue cantando y construyendo, construyendo y cantando.
¿Has sentido que tu vida, tu trabajo, tu familia, tus amigos… no son los que soñaste? ¿Has querido decir basta, no vale la pena el esfuerzo, esto es demasiado es para mí?
¿Estás cansado de recomenzar, del desgaste, de la lucha diaria, de la confianza traicionada de las metas no logradas cuándo estabas a punto de lograrlo?
Así te golpee la vida una vez más, no te entregues nunca, di una oración, pon tu esperanza al frente y arremete. No te preocupes si en la batalla sufres alguna herida, es de esperar que algo así suceda. Junta los pedazos de tu esperanza, ármala de nuevo y vuelve a arremeter.
No importa lo que pase…no desmayes, sigue adelante. La vida es un desafío constante pero vale la pena aceptarlo, y sobre todo... NUNCA DEJES DE CANTAR.