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miércoles, 13 de mayo de 2015

El Asno y El Camello


Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:
-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?
Respondió el camello:

-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.





viernes, 3 de abril de 2015

Ladron de Dicha

Cuenta una antigua leyenda que un anciano sabio vivía en las afueras de una pequeña ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no sólo por su sabiduría, sino también por su buena suerte.

En la misma ciudad vivía también un joven que, aunque fundamentalmente honesto, estaba constantemente en pos de la suerte, la fama y la riqueza. Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la "diosa vendada" no quería sonreírle. El joven ya no sabía qué más hacer y estaba al borde de la depresión, cuando se le ocurrió ir a ver al sabio para pedirle cuál fuera el secreto de su éxito. En efecto, todo lo que precisaba, el sabio lo tenía. Y todo lo que emprendía le salía redondo. No le faltaba ni hogar ni comida ni ropa. La gente le amaba, respetaba y veneraba. No carecía de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.

Aquel día el joven se levantó muy pronto para evitar las colas interminables de personas que iban a pedirle consejo al anciano. Se vistió con sus mejores vestidos, se arregló y llegó a la morada del sabio de buen hora. Llamó al portal. El sabio le abrió y, amablemente, le recibió en su casa. Una vez terminadas las presentaciones formales, el joven fue directamente al grano y dijo:

- La razón de mi visita es sencilla: querría saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Verás, he notado que no te falta nada, mientras a mi me falta todo, y esto es a pesar de mis esfuerzos y buena voluntad. También he notado que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices. En cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cuál es tu secreto?

El sabio le miró interesado y sonrió diciéndole:

- Mi respuesta también es sencilla: el secreto de mi buena suerte es que yo robo...

- ¡ Lo sabía ! -exclamó el joven- habría tenido que deducirlo yo mismo. ¡ Eso era el secreto !.

- ¡ Espera ! Todavía no he acabado -dijo el anciano-, pero el joven ya había salido corriendo y exultando. El santo intentó darle alcance pero no pudo, por lo que regresó imperturbable y calmadamente a su casa.

Tras la visita al sabio, la vida del joven cambió radicalmente: empezó a robar aquí y allá, a revender las cosas sustraídas a los demás y a enriquecerse. Cometía toda clase de hurtos: robaba animales, cosas, dinero e incluso entraba a robar a casas. La fortuna parecía haber empezado a sonreírle, cuando fue capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco años de dura cárcel. Durante su estancia en la prisión tuvo tiempo de meditar y llegar a una conclusión. Según sus deducciones, el anciano se había befado de él, y más idiota había sido él mismo por seguir tan necio consejo. Se prometió que una vez salido de ahí, volvería a ver al anciano para darle su merecido.

Los años pasaron y el joven fue puesto en libertad tras pagar su deuda con la sociedad. Nada más estar libre otra vez, ni siquiera pasó por su casa, sino que se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abrió.

- Ah, eres tú -le dijo-.

- Sí, soy yo y he venido para decirte lo inútil que res, viejo tonto. ¿Sabías que gracias a tu consejo me he pasado los últimos cinco años de mi vida en la cárcel? Si todos los consejos que das son así, menudos imbéciles que tenemos que ser los que te escuchamos.

El anciano le escuchaba con paciencia, y cuando la rabia del joven remetió, así le contestó:


- Comprendo tu rabia. Pero el artífice de tu desdicha eres tú y solamente tú, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aquí hace cinco años, te dije la verdad, te dije mi método para asegurarme la dicha, solo que tú no quisiste oír más y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, era verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energía. Robo "chi". Verás, robo al Tao porque el Tao es vacío y utilizándolo nunca rebosa1, se vacía sin agotarse2, y su función no se agota nunca

sábado, 21 de marzo de 2015

El Tigre y el Fuego


Vivía el tigre a la orilla del río. Era el único que tenía fuego.
Los demás animales no lo tenían: comían la carne cruda. Un día,
los otros animales quisieron tener fuego y pidieron al tigre que
se los prestara pero él se negó a dárselo. Y como él siempre fue el
animal más feroz, le temían.
Ellos sabían que en tiempo de lluvia el tigre ponía fuego debajo
de la hamaca para calentarse. Para robarle el fuego, llamaron a
la lagartija diciéndole que fuera a la casa del tigre. Cayeron muchas
lluvias por la noche y le ordenaron que atravesase el río.
Lo atravesó en medio de la lluvia y se fue a la casa del tigre. Al
encontrarse, el tigre le preguntó a qué venía y la lagartija contestó
que a hacerle el favor de ayudarle a cuidar el fuego mientras él
dormía. Como caía mucha lluvia, todos los fuegos que se encontraban
dentro de la casa se habían apagado, y sólo quedaba el
que se encontraba bajo la hamaca. La lagartija se puso a ayudarle.
Viendo que el tigre se había dormido, se dio a apagar el fuego con
su orina, pero el tigre se despertó y le preguntó por qué estaba
apagando el fuego. La lagartija contestó que lo estaba cuidando,
pero que el frío lo estaba apagando.
El tigre volvió a dormirse. La lagartija pensó otra vez en apagar el
fuego con su orina, pero en cambio cogió para sí una chispa de fuego,
la metió en su cresta y huyó atravesando el río. Despertó el tigre
y divisó su fuego al otro lado del río, mas como él no sabía nadar
y el río había crecido mucho con la lluvia, no podía ir a buscarlo.
Así, pues, amaneció sin fuego. La lagartija llegó a donde estaban los
demás, y así tuvieron fuego mientras que el tigre dejó de tenerlo,
por lo cual ahora le toca comer carne cruda como antes les había
tocado a los otros.

viernes, 20 de marzo de 2015

El origen de las lluvias


Los hombres, cansados del sol, no sabían qué hacer para que cayera agua sobre sus cultivos. Un día, Bigidima se encontraba recogiendo agua para regar su sembrado de yuca y chontaduro cuando, de pronto, saltó un gran pez de las profundidades del río, que lo asustó mucho. Enfurecido, Bigidima sacó su lanza y la arrojó con toda su fuerza, pero la punta de la lanza sólo alcanzó el fuerte cuello del animal. Inmediatamente, el pez sopló con tal fuerza que el agua que había tomado salió por la herida y cayó en forma de lluvia. Desde entonces se sabe que siempre que hay lluvias, el delfín del río está soplando por el orificio que le hizo la lanza del airado Bigidima.

viernes, 13 de marzo de 2015

Belleza Para Vivir


Una mañana llegó a las puertas de la ciudad un mercader árabe y allí se encontró con un pordiosero medio muerto de hambre. Sintió pena por él y le socorrió dándole dos monedas de cobre.

Horas más tarde, los dos hombres volvieron a coincidir cerca del mercado:

- “¿Qué has hecho con las monedas que te he dado?”, preguntó el mercader.


- “Con una de ellas me he comprado pan, para tener de qué vivir; con la otra me he comprado una rosa, para tener por qué vivir…”

jueves, 5 de febrero de 2015

El Gran Viaje


Tras muchos años de estudio, Ibrahím era capaz de hablar y discutir sobre cualquier tema que estuviese relacionado con el sentido de la vida. Conocía las últimas teorías científicas acerca del comportamiento de la materia y, además dominaba las verdades reveladas de las diferentes religiones del planeta.
En cualquier reunión en donde Ibrahím se encontrase, todos los presentes comprobaban admirados que dominaba perfectamente el arte de analizar cualquier asunto; sobre todo, si éste se refería a los interrogantes más comunes de la humanidad, que él solía definir como:
¿A dónde vamos?
¿De dónde venimos?
¿Quiénes somos?
Sin embargo, Ibrahím sentía que no había encontrado lo que realmente buscaba. No tenía paz interior y por más libros que leía, sabía que algo sutil e importante faltaba para calmar la sed que su corazón padecía.
Muchas veces se preguntaba: ¿”De qué me sirve haber repasado las bibliotecas más prestigiosas y haber escuchado a los sabios más renombrados, si no me siento conectado con la paz profunda de la que hablan todos los textos”?
Llego un día en el que Ibrahím se dijo: “Iré en busca del Maestro Interior de quien también se dice que se halla en lo más recóndito de mi Ser, para lo cual iniciaré un largo viaje y, a lo largo de las experiencias no casuales que espero vivir en el transcurso del mismo, se revelará lo que busco”.
Así que sin pensárselo más, partió hacia el Este en un despejado amanecer de primavera.
A los tres días de viaje, se encontró con un monje derviche que caminaba como él en la misma dirección. Al poco, éste habló y dijo:
¿”Quién eres y adónde te diriges”?
“Yo soy Ibrahím y soy un peregrino que busca el Maestro Interior”
A lo que el derviche contestó “Yo soy El-Faith y caminaré contigo”
“Pero… ¿Puedes tú ayudarme a encontrar el maestro Interior”? dijo Ibrahim.
A lo que el derviche respondió: “En muchos casos, el encuentro con el Maestro Interior depende de como se transforme el conocimiento teórico en experiencia, y, eso es algo que, a veces y, en parte, puede ser señalado por un compañero”.
Al rato llegaron junto a un roble que se balanceaba de manera algo extraña. El derviche se detuvo y a los pocos instantes dijo:
“Mira ese árbol. Parece estar diciendo: Algo me está lastimando, ¡Deteneos un rato y quitadlo de mi costado de manera que pueda encontrar reposo!”
“Bah, tenemos prisa”, dijo Ibrahím con cierto desdén. “Además, ¿desde cuando los árboles se comunican con los hombres?”
A las pocas horas de camino, el derviche dijo: “Cuando nos encontrábamos cerca del roble creí haber olfateado miel. Puede que la causa de tal olor sea un panal de abejas salvajes construido en un costado del árbol.”
“Si eso fuera cierto”, dijo Ibrahím. “Volvamos de prisa para recoger toda la miel que podamos, tal delicioso alimento no sólo servirá para saciar nuestro apetito, sino que también podremos vender parte y paliar los gastos del camino”.
Cuando llegaron nuevamente hasta el roble, vieron que otros viajeros habían ya descubierto el panal y estaban gozosos de haber encontrado cantidad tal, como para asegurar largo tiempo de marcha.
Ibrahín refunfuñó confuso y frustrado, pero en vista de lo cual, siguió adelante en el camino
Al poco tiempo, los dos hombres llegaron a una montaña en cuya ladera se escuchaba un zumbido. El derviche aproximó la oreja al suelo, y tras hacer una pausa, dijo:
“Debajo de nosotros hay millones de hormigas construyendo una colonia. Ese zumbido es un pedido colectivo de ayuda. En el idioma de las hormigas significa”: “¡Ayudadnos!, ¡Ayudadnos!, Estamos excavando y nos hemos tropezado con rocas extrañas que detienen nuestro avance. ¡Ayudadnos a quitarlas de ahí!”.
El derviche continuó y dijo: “¿Deberíamos detenernos a ayudar o tal vez prefieres que sigamos adelante? .
“Hormigas y rocas no son asunto nuestro hermano, tenemos objetivos más importantes, pues yo por mi parte estoy buscando al Maestro Interior.” Contestó Ibrahím.
“Como quieras”, dijo el derviche… “aunque se dice que todas las cosas están relacionadas y supongo que esto no debe ser ajeno a nuestras vidas”.
Ibrahím no prestó atención a lo que aquel viejo que le acompañaba decía ente dientes, así que siguieron el camino.
Pasadas unas horas, de pronto Ibrahím se dio cuenta de que había perdido su cuchillo.
“Debe habérseme caído cuando me agaché cerca del hormiguero”, dijo.
Así que volvieron sobre sus pasos buscando el cuchillo. Al llegar nuevamente al hormiguero no encontraron ni rastro del mismo, pero lo que sí encontraron fue a un grupo de personas, descansando junto a una enorme pila de monedas de oro que exclamaban con júbilo:
“¡Mirad este tesoro que acabamos de desenterrar! Estábamos descansando en este lugar del camino cuando de repente, un anciano derviche, por cierto muy parecido al que te acompaña, nos dijo: Cavad en este lugar y encontraréis aquello que es roca para unos y oro para otros.”
Ibrahím maldijo su suerte. “Si hubiéramos apartado la piedra del hormiguero, tú y yo habríamos sido ricos “¡Maldita sea!”
A los pocos días de travesía, llegaron a orillas de un río. El derviche se detuvo y mientras se hallaban sentados esperando a la balsa que se disponía a cruzarlos, un pez emergió varias veces, boqueando en dirección hacia ellos.
“Este pez”, dijo el derviche, “nos está enviando un mensaje que dice: Me he tragado una piedra, agarradme y dadme de comer aquella hierba”, dijo el derviche señalando unas matas, “así podré vomitarla y encontrar alivio. ¡Caminantes tened piedad!”
En ese instante apareció la balsa que se disponía a cruzarlos e Ibrahím, impaciente por seguir adelante, empujó al derviche dentro de ella diciendo apresurado. “¡Crucemos! Al fin y al cabo, los peces no son asunto nuestro”.
Una vez en la otra orilla, el barquero se sintió agradecido por la moneda recibida y les indicó un lugar cercano en el que podrían pasar la noche.
A la mañana siguiente y poco después del amanecer, encontraron al barquero diciendo alborozado a un grupo de personas: “En la pasada noche ha pasado una estrella por mi vida. Sucedió que al llegar la hora de retirarme a casa para descansar, aparecieron unos viajeros en la orilla solicitando mis servicios. Y aunque mi jornada de trabajo había finalizado y, además parecían pobres, me dije: Bueno, aunque sea por hacer la buena obra del día y recibir el “Baraka”, decidiré ayudarles y realizar el servicio que me solicitan. Pues bien, una vez realizado el cometido, de pronto vi que un pez se había arrojado sobre unos juncos y trataba de comer una hierba curativa. Sentí compasión por él y metí la hierba en su boca. Aquel pez a continuación vomitó una piedra y se zambulló de nuevo en el agua. Ante mi sorpresa, aquel trozo de roca luminosa era un perfecto diamante de incalculable valor.
Ibrahím enfurecido le dijo al derviche: “¡Eres un demonio. Tu conocías los tres tesoros por alguna percepción oculta y, sin embargo, en ninguna ocasión me lo confesaste! ¿Es eso verdadero compañerismo?
El anciano tan sólo miró a Ibrahím y sonrió con lucidez y ternura.
En ese momento, la voz áurea de un poeta que cantaba junto al río, llegó acariciando los oídos de los dos viajeros diciendo :
Llegará un día en que tras conocer y dominar
las aguas, los vientos, las rocas y el fuego
dominaremos para la Vida
las energías del amor
Ese día habremos despertado del gran sueño
y los astros bailarán la danza sagrada
que convierte el conocimiento en consciencia
y la consciencia en amor

sábado, 15 de noviembre de 2014

La Casa Imperfecta

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.
 
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacia. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
 
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo ---dijo-. Es un regalo para ti".
 
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!
 
Reflexión:
A veces construimos nuestras vidas de manera distraída, sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces, de repente, vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Sí lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
 
Sería interesante conseguir actuar como si estuviésemos "construyendo nuestra casa".
La vida es como un proyecto de "hágalo-usted-mismo". Tu vida, ahora, es el resultado de tus actitudes y elecciones del pasado. ¡Tu vida de mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones de hoy!

viernes, 1 de noviembre de 2013

En Dia de Muertos


Personajes: Frijolito 5 años. Pepe 6 años. Juan 9 años. Escenario: En un bosque. Árboles enanos, de pequeña vegetación. Es de noche. Esta oscuro en el comienzo, solo una lámpara a modo de luna llena; va Iluminando a los actores. Es la luz de un nuevo día. Hay silencio mucho silencio 2 niños caminan erráticos, perdidos. Son hermanos uno le dicen Frijolito, escasos 5 años, su hermano mayor tiene 9 años. Se llama Juan. Frijolito- ¡hummm! Tengo frío... tengo hambre... tengo miedo. Pepe- ¡ya, ya Frijolito! No te apures. Frijolito- No se ve nada. ¡Esta muy oscuro! Pepe- No te separes de mí, no te vayas a perder. Frijolito- ¿Dónde se fueron los demás? De pronto sentado, meditubando encuentran a otro niño. Es Juan, esta distraído, absorto mira el horizonte; la tristeza se refleja en sus ojitos a punto del llanto. Frijolito- ¿Quién eres? Pepe- ¿Dónde estamos? Frijolito- ¿Qué haces? Los dos- ¿Qué esta pasando? Juan- ¡Cállense de una buena vez! Gritan como niñitos. Frijolito- Somos niños. Juan- ¿Dónde esta su grupo? Pepe-... Nos perdimos. Frijolito- ¿Nos perdimoos? Juan- ¿Es su primera vez, verdad? Pepe- Sí. Frijolito- ¿Sii? Juan-Ustedes los nuevos. Siempre es lo mismo; siempre acaban perdiéndose. ¡Que no les dijeron! Frijolito- ¿Decirnos que? Juan- ¿Pues que ha de ser? Que no se separaran del grupo, que siempre siguieran juntos. Pepe- Frijolito se sentía muy cansado, y pues nos paráramos un poco a descansar. Nos quedamos dormidos. Y se fueron sin nosotros... Frijolito- Fue mi culpa. Pepe- No. No Frijolito, no fue tu culpa yo también me sentía cansado. Juan, un tanto condescendiente ahora los mira. Se avergüenza de su bravuconada. Juan- Ya no se preocupen; les digo que eso les pasa siempre a los nuevos. ¿Desde cuando llegaron? Pepe mirando a su hermano, contesta con mucho desanimo, esta tan confundido, poco entiende de lo sucedido. Pepe- ¿No sé? Frijolito comparte la misma actitud de su hermano. Mas aun, solloza quedito. Frijolito- ¿Y nuestros papas? ¿Adónde se fueron? Tengo miedo; Pepe mucho miedo... Pepe- ¡No sé! No me acuerdo de nada frijolito. Solo de una cosa, una gran luz que estallo en el cielo, como cuando es la feria de la iglesia. Ahora el menor se dirige a Juan. Frijolito- ¿Y tus papas? Juan- ¡Yo no tengo papas! De que sirve tenerlos. Pepe- ¿De qué sirven? ¡De mucho! Verdad frijolito. Frijolito- Mi mama me quiere mucho. Siempre hace la comida que más me gusta. Pepe- Papá nos llevaba al circo, al parque. Frijolito- Además, nos dan dulces. Pepe- Y nos cuidan mucho... Juan-... Pues yo no tuve. Y bueno ya estuvo suave, sus platicas me aburren; así que ahuecando el ala... Pepe- ¿Pero a donde? Juan- Ustedes sabrán; eso es algo natural en estos casos... Frijolito- ¿Cazos? ¿Cuáles cazos? ¿Vamos a comer ya? Juan- ¡Casos! No cazos. Jajaja Frijolito- Tengo mucha hambre. ¿Cuándo comemos? Pepe- Frijolito no esta ni mamá, ni papá. Estamos solos. Frijolito-¿Dónde se fueron? ¿Por qué no están aquí con nosotros? Frijolito rompe en llanto. Su hermano lo abraza. Trata de animarlo. Pepe-No llores, por favor frijolito, pronto estaremos con ellos. Juan- Pues si no se apuran nunca van a llegar... Pepe-¿Adonde? Juan-¡Pues con sus familiares! No sean pazguastos. Frijolito- Dinos como; nosotros no sabemos como. En el horizonte un fulgor se enciende, se eleva lentamente al cielo, un grato olorcito se esparce en el escenario. Juan se conduele de la suerte de los niños. Juan- Esta bien. Pongan mucho atención. Miran allá, (señala la nítida luz del horizonte) es a donde tienen que ir. Pepe- ¿Eso es todo? Juan- ¡No, claro que no! Ahora concéntrense, ¿A qué huele? Frijolito- ¡Hee! ¿Cómo? Juan- ¡Si! ¿A que huele? Frijolito- ¡A la sopa de mamá! Pepe-¡a los dulces que nos traía papá! Juan- Eso es. Pelen bien los ojotes, abran requetemucho las narizotas; solo así podrán llegar a su destino. ¡Pero apúrense que solo tienen menos del día para ir con los suyos! Frijolito- ¿Pero como? Juan- Si serán burros, pues así solo con el olfato y la vista. Ven esa lucezota; pues los esta guiando. Hacia allá tienen que ir. Pero píquenle, que si no llegan a tiempo se van a perder para siempre. Y nunca van a poder regresar ni aquí, mucho menos allá. Pepe- ¡Entonces vamos! ¡Vamos Frijolito! ¡Que tengo hartas ganas de ver a papá, a mamá, a la abuelita Esperanza, a la tía Carmen. Frijolito- ¡Qué chido, vamos a ver a todos! Juan, que empezaba a simpatizarles los dos hermanos sabe que irremediablemente se quedara de nueva cuenta solo. Fiel a su modo, los apresura a marcharse. Las buenas personas del exterior les llaman Almas Solas. Juan- Ya, ya. Mejor se van de una buena vez. Me aburren sus tonterías. ¡Ya lárguense! Salen apresuradamente de la presencia de Juan. Un poco mas adelante detienen su marcha. Frijolito no suprime un hondo suspiro. Frijolito- ¡humm... pobre! Pepe- ¿Quién, el niño? Frijolito- Pues sí. Se quedo solo; solito, sin nadie más. Pepe- Es cierto... Creo que no tiene a donde ir, no tiene familiares. Frijolito se queda pensativo, reflexiona un poco; de pronto su rostro se ilumina en una gran sonrisa. ¡Ya sé, vamos por él! Traigámoslo a nuestra casa. Pepe- Pues de volada, antes que se haga mas tarde. Recuerda lo que nos dijo, que solo tenemos un día para ir y regresar. Hacen la carrera hacia donde dejaron al niño, esta exactamente donde lo encontraron. Inmóvil, impasible observa las nubes caminar por el cielo azul de la mañana; es principios de noviembre. Juan se vuelve a sorprender de verlos nuevamente. Juan- ¿Ora ustedes, que hacen? ¿A poco no dan? Si serán brutos. Pero si hasta acá llega el olor a pan, a calabaza dulce y cera derretida. Las luces juntas hacen otro sol que danza en el cielo, solo es cosa de... Pepe- ¿Quieres venir con nosotros? Juan- ¿Qué si quiero? Frijolito- Ven con nosotros y te presto mis juguetes. Pepe- ¿En serio quieren que vaya con Uds. Pepe y Frijolito- ¡Sí! ¿No se enojaran sus papas? Tal vez no nos vean pero si nos sienten. Frijolito- No lo creo, son muy buenos. Pepe- Tu eres nuestro único amigo aquí. Si no fuera por ti aun andaríamos vagando por ahí. Juan- me llamo Juan, no se los había dicho por que pensé que solo iban de pasada; a nadie le interesa esas cosas. Frijolito- Pues vamos andando Juan, que el día se acaba, Pepe- Ahora recuerdo, fue un choque, en el camión que íbamos... Pero ya no tengo miedo. Juan- Así pasa la primera vez, pero te acostumbras. Frijolito- Apúrense, que tengo hambre y hartas ganas de ver las caras de mis papas. Juan y pepe- ¡Vamos, vamos pues!. Se cierra el telón historia infantil Mario a. 11 de julio 2007 lo mejor es vivir, y lo demas es lo demas

Un cuento de dia de muertos


La primera vez que escuché sobre la pequeña Mitli yo tenía 7 años y estaba comiéndome a escondidas las mandarinas del altar del día de muertos; cuando mi abuela me descubrió me dijo que si continuaba robándome la comida de los difuntos Mitli aparecería en la noche y me robaría mis juguetes como venganza. Claro está que yo no sabía quién era Mitli ni porqué querría vengarse de mi así que mi abuelita tuvo que explicármelo pacientemente:

Mitli era la hija de los señores del Mictlan. Sobre su nacimiento nadie estaba seguro: Unos decían que había nacido de los pensamientos de sus padres, otros que había florecido tal como lo hace la flor de cempasúchil y otros más afirmaban que en realidad Mitli se había formado de la mezcla de gotas de mandarina con la tierra; fuera como fuera lo cierto es que sus padres la querían y consentían mucho ya que era su única hija. Mitli había conseguido que sus papás le dieran dos compañeros de juego:  Un pequeño ajolote rosado llamado Coyolli y un xoloitzcuintle bicolor que se llamaba Yohualli.

Como es de imaginarse tanto Mitli como sus nuevos amigos volvían locos a todos en el Mictlan. El cachorro correteaba por aquí y por allá entre los  nueve niveles mordisqueando todo y a todos, ni siquiera El Señor de la Muerte se salvó de una mordida en el chamorro; hecho que lo hizo enojarse mucho debo aclarar.  Por su parte Yohualli distraía a todos los otros perros que cruzaban el río, les hacía cosquillas con sus deditos hasta que terminaban por voltear a los fantasmas que llevaban sobre sus espaldas. Mitli los miraba divertida desde la orilla a pesar de la molestia de sus papás. Con el tiempo y después de tantas travesuras realizadas por los tres el Señor y la Señora de la Muerte decidieron poner orden en el Mictlan y le dieron a Mitli un tutor que se encargaría de disciplinarla a ella y a sus compañeros cuando fuera necesario. Su tutor era nada más y nada menos que Mazatzin, el espíritu de un hombre-venado.

Al principio fue difícil para todos pues ninguno de ellos estaba acostumbrados a recibir reprimendas de nadie pero lograron hacer un buen equipo y el Mictlan volvió a ser el lugar de paz y tranquilidad que era desde siempre. Los padres de Mitli estaban sorprendidos por ello y decididos a saber su secreto mandaron a llamar a Mazatzin.

-¿Cómo has convencido a nuestra pequeña Mitli de portarse bien? ¿Cómo has conseguido que sus compañeros dejaran atrás sus travesuras? – preguntaron los padres-

-Señor y Señora. Ellos siguen haciendo travesuras, pero no en este mundo. Les he prometido que cada vez que se abra el portal con la tierra de los vivos ellos podràn hacer de las suyas con los niños y las niñas que se coman nuestros alimentos. Como saben, cada vez hay menos platillos completos que traer aquí abajo, ya que la mayoría de las frutas, panes y dulces son mordisqueados por los humanos pequeños.

Los señores de la Muerte sonrieron al imaginarse a Mitli causando estragos en el mundo de los vivos, agradecieron a Mazatzin su tenacidad y se retiraron a su palacio.

Yo me quedé pensativa y  le pregunté a mi abuela porqué se llevaban la comida en lugar de comerla sentados junto al altar. Ella me respondió:

-¿Tu podrías comerte la olla de mole entera, el pan, el atole, los tamales, la calabaza, los dulces, el camote  y el café sola?

-No

-Bueno pues ellos tampoco, aparte no son egoístas como lo somos los vivos. Ellos comparten todo. ¿Has visto lo que hacen las hormigas todos los días?

-¿Buscar comida para llevarla a su casa?

-Exactamente, los fantasmas hacen lo mismo. Vienen el día de muertos y se llevan la comida al Mictlan. La guardan en ollas de barro especiales y les dura hasta el siguiente año.

-¿Y no se les acaba?

-No, porque hay muchos muertos y sus familias dejan comida para más de dos, aparte ellos comen menos que nosotros porque ya están muertos, niña tonta.  Ahora ve por unas mandarinas al mercado para reponer las que te has robado del altar, si no lo haces Mitli, Coyolli y Yohualli vendrán a molestarte y Mazatzin no se los impedirá porque te lo mereces.

Corrí al puesto de Luisito sin pensarlo dos veces y use mi domingo no solo para comprar mandarinas, también compré dulces de más, un collar de piedras verdes para Mitli y unos trozos de carne para Coyolli y Yohualli, a Mazatzin le conseguí una pequeña canasta de hongos silvestres.  En verdad esperaba que con esto alcanzara para evitar que se enojaran conmigo. Regresé a casa y puse todo en el altar; ya entrada la noche ayudé a mi papá a prender las velas y hacer el camino con las flores de cempasúchil, después me fui a dormir.

Un ruido extraño me despertó en la madrugada, me levanté sin hacer ruido y desperté a mi abuelita. Ella me hizo una seña para que guardara silencio y comenzamos a caminar de puntitas hasta la sala, en donde se encontraba el altar.

¡Allí estaba Mitli! era una niña chiquita quizá un poco más alta que los chaneques, tenía su piel morena y sus cabellos negros y de su cuello colgaba el collar que le dejé;  Coyolli estaba sentado sobre su hombro izquierdo y Yohualli parado junto a ella entre las flores naranjas, moradas y amarillas. Mazatzin y los fantasmas de mi familia flotaban en el camino de flores dispuestos a cargar con toda la comida para llenar la alacena del Mictlan.

Mitli me miró directamente a los ojos y me sonrió , todos desaparecieron entre la llama de una de las velas y no los volví a ver hasta el año siguiente.


Cada día de muertos les dejo un regalo en el altar y ellos dejan un regalo para mí debajo de mi cama. Hasta la fecha tengo  una colección completa de huesos de dinosaurio, tres quijadas de víbora, un colmillo de coyote y dos costillas de tlacuache.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La Pestaña del lobo

Cap. 16 de "Mujeres que corren con los lobos"
de Clarissa Pinkola Estés



"Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada y tu vida jamás empezará".

-No salgas al bosque, no salgas -dijeron ellos.

-¿Porqué no? ¿Porqué no tengo que salir al bosque esta noche? -preguntó ella.

-En el bosque habita un enorme lobo que se come a las personas como tú.

-No salgas al bosque, no salgas, por lo que más quieras...

Pero, naturalmente, ella salió al bosque y, como era de esperar, se encontró con el Lobo, tal como ellos le habían advertido.

-Lo ves? Ya te lo decíamos -graznaron.

-Eso es mi vida, no un cuento de hadas, zopencos -replicó ella. -Tengo que ir al bosque y encontrarme con el lobo; de lo contrario, mi vida jamás podrá empezar.

Pero el lobo que ella encontró, había caído en una trampa, se le había quedado la pata prendida de un cepo.

-¡Socorro, auxilio! ¡Ay, ay, ay! -gritaba el lobo-. ¡Socorro, ayúdame y te daré la justa recompensa! -añadió. (Porque eso es lo que hacen los lobos en los cuentos de esta clase).

-¿Y cómo sé yo que no me vas a hacer daño? -le preguntó ella, pues su misión era hacer preguntas-. ¿Cómo sé yo que no me matarás y me dejarás reducida a puros huesos?

-Mala pregunta -dijo el lobo-. Tendrás que confiar en mi palabra.

Y el lobo reanudó sus aullidos y lamentos.

¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

-Sólo hay una pregunta que merece la pena hacer, hermosa doncella, ¿Dóooonde está el almaaaaa?

-Oh, lobo, voy a correr el riesgo. ¡Vamos allá!

Abrió la trampa, el lobo sacó la pata y ella se la envolvió con hierbas medicinales y plantas.

-Oh, gracias, dulce doncella, mil gracias -dijo el lobo, lanzando un suspiro.

Pero, como había leído demasiados cuentos que no debía, ella exclamó:

-Bueno, ahora ya puedes matarme, anda, terminemos de una vez.

Pero no fue eso lo que ocurrió. En su lugar, el lobo alargó la pata y se la apoyó en el brazo.

-Soy un lobo de otro tiempo y lugar -dijo. Y, arrancándose una pestaña del ojo, se la entregó diciendo: -Úsala y procura ser sabia. De ahora en adelante sabrás quién es bueno y quién no lo es tanto. Mira a través de mi ojo y lo verás todo con claridad.

-Por dejarme vivir, te ofrezco vivir como jamás en tu vida has vivido.

Recuerda que sólo hay una pregunta que merece la pena hacer, hermosa doncella,

¿Dóoooonde está el almaaaaa?


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Y así la doncella regresó a la aldea, alegrándose de estar viva. Y esta vez cuando ellos le dijeron, "Quédate aquí y cásate conmigo", o "Haz lo que te digo", o "Di lo que yo quiero que digas, pero que todo quede tan en secreto como el día en que viniste", la doncella tomó la pestaña del lobo, miró a través de ella y vio sus motivos tal como jamás lo había visto.

Y la vez en que el carnicero pesó la carne, ella miró a través de la pestaña del lobo y vio que pesaba también su pulgar.

Y miró al pretendiente que le decía "Soy el que te conviene", y vio que no le convenía para nada.

Y de esta manera y muchas más se salvó no de todas pero sí de muchas desgracias.

Pero además, con esta nueva visión, no sólo vio al astuto y al cruel sino que el corazón se le hizo inmensamente grande, pues miraba a las personas y las volvía a calibrar gracias al don que le había otorgado el lobo al que ella había salvado.

Y vio a los que eran verdaderamente buenos y se acercó a ellos; encontró a su compañero y permaneció a su lado todos los días de su vida; percibió a los valerosos y se acercó a ellos; captó a los fieles y se unió a ellos; vio perplejidad por debajo de la cólera y se apresuró a disiparla; vio amor en los ojos de los tímidos y se inclinó hacia ellos; vio sufrimiento en los callados y cortejó su risa; vio necesidad en el hombre sin palabras y le habló; vio fe en lo más hondo de la mujer que afirmaba no tenerla y se la volvió a encender con la suya.

Vio todas las cosas con la pestaña del lobo, todas las cosas verdaderas y todas las cosas falsas; todas las cosas que iban contra la vida y todas las cosas que iban a favor de la vida; todas las cosas que sólo podían verse a través de los ojos de aquel que pesa el corazón con el corazón, y no sólo con la mente.

Así descubrió que era cierto lo que dicen, que el lobo es la más sabia de las criaturas. Si prestas atención, el lobo cuando aúlla hace siempre la pregunta más importante, no dónde está el alimento más próximo, la pelea más próxima o la danza más próxima, sino la pregunta más importante para ver dentro y detrás; para sopesar el valor de todo lo que vive...

¿Dóoooonde estáaaa el almaaaaa?

¿Dónde está el alma?

¿Dónde está?

Sal al bosque, sal enseguida. Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada y tu vida no empezará jamás.

Sal al bosque, sal enseguida.

¡Sal al bosque, sal enseguida!

jueves, 21 de octubre de 2010

Cuento de Hadas

Érase una vez una viuda que tenía dos hijas, tan diferentes entre sí que nadie diría que eran hermanas. De la más pequeña decían los que la conocían que era el vivo retrato de su padre, generosa y obediente, y más dulce que un terrón de azúcar. La mayor no podía negar que era digna hija de su madre, siempre con el ceño fruncido y de mal humor. Egoísta, altanera, creía que se lo merecía todo, y así le fue.

Cada día, muy de mañana, la hija menor se levantaba temprano, cogía su cántaro e iba a por agua a la fuente. La pobre nunca se quejaba, aunque tenía que andar más de media legua de camino para llegar.

Uno de esos días, cuando ya había llenado el cántaro y se volvía a casa, se le acercó una anciana que le pidió de beber:
- Tome, señora, beba usted cuanto quiera, que ahora yo lo lleno de nuevo.
Y la anciana bebió.
- Veo que además de hermosa tienes buen corazón. Te concedo un deseo: cada vez que pronuncies una palabra, de tu boca saldrán diamentes y piedras preciosas.

Pero la mujer no era una mujer cualquiera, era un hada disfrazada que quería conocer los verdaderos sentimientos de la joven.

La niña volvió muy contenta a casa, y nada más llegar le contó a la madre lo que le había ocurrido. Las piedras preciosas brotaban de su boca ante el asombro de su madre. Le faltó poco tiempo a la madre para llamar a la otra hija y decirle:
- ¿Has visto a tu hermana? Ya puedes ir a la fuente a por agua, y si una vieja te pide agua se la das amablemente.
- Pero, mamá, ¿me vas a obligar a que vaya hasta la fuente, con lo lejos que está y lo cansada que estoy?
Pero la madre no cedía, y refunfuñando la hermana mayor despreció el cántaro de barro de su hermana y, muy peripuesta, llevó consigo el más hermoso jarro de plata de la casa.
Llegó a la fuente, llenó el cántaro y una hermosa señora, elegantemente vestida, se le acercó a pedirle un poco de agua.
- ¿Qué pasa, que no sabes cogerla tú con tus propias manos? ¿qué te has creído, que a mí no me cansa? Déjame, que estoy esperando a otra persona.
- Ahora sé lo que en verdad hay en tu corazón, cada vez que hables de tu boca saldrán sapos y culebras.

Y volvió a su casa. La madre le preguntó que qué tal le había ido y ella, entonces, comenzó a decirle que había visto a una hermosa mujer, pero su madre no pudo terminar de oír la historia del asco que le provocaban los bichos saliendo de su boca.
- Tú tienes la culpa de lo que le ha pasado a tu hermana - le dijo a la hija menor, mientras se le acercaba con la mano levantada. La niña tenía tanto miedo de que le pegaran que salió huyendo de la casa. Se adentró en el bosque llorando, se sentía muy sola y triste. A su espalda escuchó el relinchó de un caballo.
- ¿Por qué lloras, hermosa niña? ¿Tú crees que es justo que unos ojos tan bonitos sufran de ese modo?
Y vio que se acercaba un hermoso príncipe que iba camino de su castillo, y éste le pidió que le contara su historia. A medida que la niña iba contando su aventura, el joven príncipe se iba enamorando de ella. Le gustaba su hermosura, pero más apreciaba la dulzura de sus palabras, la nobleza de sus gestos, y además podía estar seguro de una cosa, tenía buen corazón. Y cuando ella terminó su aventura, la montó en su caballo y se la llevó con él a palacio. Y dicen por ahí que siempre fueron felices.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La historia del cerrajero

Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día. El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.
El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella. Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices. Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.
Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huída y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave. Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así se reunió con su mujer, sus ex-guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía. El amor y la pericia prevalecieron.

jueves, 24 de junio de 2010

Lealtad

Anónimo hindú
Un insurrecto había sido condenado a morir en la horca. El hombre tenía a su madre viviendo en una lejana localidad y no quería dejar de despedirse de ella por este motivo. Hizo al rey la petición de que le permitiese partir unos días para visitar a su madre. El monarca sólo puso una condición, que un rehén ocupase su lugar mientras permanecía ausente y que, en el supuesto de que no regresase, fuera ejecutado por él. El insurrecto recurrió a su mejor amigo y le pidió que ocupase su puesto. El rey dio un plazo de siete días para que el rehén fuera ejecutado si en ese tiempo no regresaba el condenado.
Pasaron los días. El sexto día se levantó el patíbulo y se anunció la ejecución del rehén para la mañana del día siguiente. El rey preguntó por su estado de ánimo a los carceleros, y éstos respondieron:
-¡Oh, majestad! Está verdaderamente tranquilo. Ni por un momento ha dudado de que su amigo volverá.
El rey sonrió con escepticismo.
Llegó la noche del sexto día. La tranquilidad y la confianza del rehén resultaban asombrosas. De madrugada, el monarca indagó sobre el rehén y el jefe de la prisión dijo:
-Ha cenado opíparamente, ha cantado y está extraordinariamente sereno. No duda de que su amigo volverá.
-¡Pobre infeliz! -exclamó el monarca.
Llegó la hora prevista para la ejecución. Había comenzado a amanecer.
El rehén fue conducido hasta el patíbulo. Estaba relajado y sonriente.
El monarca se extrañó al comprobar la firmeza anímica del rehén. El verdugo le colocó la cuerda al cuello, pero él seguía sonriente y sereno. Justo cuando el rey iba a dar la orden para la ejecución, se escucharon los cascos de un caballo. El insurrecto había regresado justo a tiempo. El rey, emocionado, concedió la libertad a ambos hombres.

lunes, 21 de junio de 2010

La integridad

Se dice que cierto día salieron a pasear juntas la CIENCIA,la FORTUNA,la RESIGNACIÓN y la INTEGRIDAD.
Mientras caminaban dijo la CIENCIA:Amigas mías, pudiera darse el caso de que nos separáramos unas de otras y sería bueno determinar un lugar donde pudiéramos encontrarnos de nuevo.
A mi, podréis encontrarme siempre en la biblioteca del Dr.X, a quien, como sabéis, siempre acompaño.
En cuanto a mi expresó la FORTUNA-me hallareis en casa de ese millonario cuyo palacio está en el centro de la ciudad.La RESIGNACIÓN dijo por su parte:A mi podréis encontrarme en la pobre y triste choza de aquel viejecito a quien con tanta frecuencia veo y que tanto ha sufrido en la vida.
Como la INTEGRIDAD permanecía callada, sus compañeras le preguntaron:Y a ti ¿donde te encontramos?
La INTEGRIDAD, bajando tristemente la cabeza,respondió:-A mi, quien me pierde jamás vuelve a encontrarme.
"Quien pierde la integridad y su honradez lo ha perdido todo"

La Honestidad

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta.
Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos.

Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.
Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración.
Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura"
Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe.Esto me hará feliz"
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.
Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China"
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.
Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.
Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.
Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.
Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles"

En tiempos donde lo importante parecen ser los resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido... Somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, por no decir "me equivoqué, tienes razón, no sé acerca de esto".Opinamos sobre todo, juzgamos a todos... la "viveza" se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos... La verdad, la sinceridad, la humildad... no son virtudes exacerbadas en los cartoons para niños, ni en las publicidades para adultos hemos confundido el significado de la palabra ÉXITO.

Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis creencias y mis sentimientos, sin dejar de ser quien soy para quedar bien u obtener resultados... ese ha sido un día de éxito. Puedes hacer de este, un día exitoso... de ti depende

“Si para vencer, estuviera en juego tu Honestidad, entonces pierde. Así, serás siempre un Vencedor.”

Historia del buda

Durante un estival religioso caminaba el Buda a la orilla del rio cuando encontro una mujer de dudosa reputacion intentando cruzarlo.

Se dispuso a ayudarla y la cargo hasta la otra orilla.

Los sacerdotes y seguidores que lo acompañaban, quedaron sorprendidos ya que estaba prohibido "tocar mujer" durante las festividades y empezaron a comentar y cuchichear el tema unos con otros.

Despues de muchas leguas de caminata, algunos monjes tomaron coraje y finalmente le dijeron:

- "Buda, si nos esta prohibido tocar a una mujer durante los dias santos, como te atreviste a cargar esa mujer pecadora?"

- "Yo solo ayude a una mujer en apuros", les contesto.

"Ustedes son los que aun la vienen cargando desde el rio".
No esta preciosa esta historia?

Como siempre, mas alla de su mensaje evidente, estas historias hacen las veces de parabolas, haciendo que las mismas caigan como una gota de miel sobre nuestra consciencia, suavizandola y penetrandola lentamente con su verdadero significado.

- Que es lo evidente aqui ?, que los "lideres" cuando es necesario pueden -y tienen- que romper los dogmas ?

Puede ser... un lider esta orientado a los RESULTADOS y puede que, bajo ciertas circunstancias, lograr esos resultados le exijan apartarse de los esquemas preexistentes.

- Y no sera que el mensaje en realidad se refiere a que los actos de bondad no pueden estar reñidos con el rito de las religiones ?

Mas que seguro. Jamas puede quedar alguien sin ayuda y en peligro por causa de una regla formal.

- Y, en realidad no se estara refiriendo a que los PARADIGMAS pueden DETENER EL CAMBIO POSITIVO?

El Hada y la sombra

Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.
El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.

miércoles, 9 de junio de 2010

Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve?

Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? -preguntó un gorrión a una paloma.
Nada de nada, le contestó.
Entonces, si es así debo contarte una historia, dijo el gorrión:
Estaba yo posado en la rama de un abeto, cerca de su tronco, cuando empezó a nevar. No era una fuerte nevada ni una ventisca furibunda. Nada de eso.
Nevaba como si fuera un sueño, sin nada de violencia. Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando sobre los tallitos de la rama en la que yo estaba. Los copos fueron exactamente 3.741.952. Al caer el siguiente copo de nieve sobre la rama que, como tú dices, pesaba nada de nada, la rama se quebró.
Dicho esto, el gorrión se alejó volando.
Y la paloma, toda una autoridad en la materia desde la época de Noé, quedó cavilando sobre lo que el gorrión le contara y al final se dijo:
Tal vez esté faltando la voz de una sola persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo (Kurt Kauter)

martes, 1 de junio de 2010

El científico y la Muerte

Había una vez un científico que descubrió el arte de reproducirse a sí mismo tan perfectamente que resultaba imposible distinguir el original de la reproducción.

Un día se enteró de que andaba buscándole el Ángel de la Muerte, y entonces hizo doce copias de sí mismo.

El ángel no sabía cómo averiguar cuál de los trece ejemplares que tenía ante sí era el científico, de modo que los dejó a todos en paz y regresó al cielo.

Pero no por mucho tiempo, porque, como era un experto en la naturaleza humana, se le ocurrió una ingeniosa estrategia.

Regresó de nuevo y dijo: "Debe de ser usted un genio, señor, para haber logrado tan perfectas reproducciones de sí mismo; sin embargo, he descubierto que su obra tiene un defecto, un único y minúsculo defecto".

El científico pegó un salto y gritó: "¡Imposible! ¿Dónde está el defecto?".

"Justamente aquí", respondió el ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba consigo. "Todo lo que hace falta para descubrir al 'ego' es una palabra de adulación o de crítica".

El picador de piedra

Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa cuando vio que éste se había hecho realidad: se había convertido en un rico mercader.
Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se había creado muchos enemigos y sintió miedo.
Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurai y así fue.
Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: "él si que es superior, ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡ Quiero ser el sol !".
Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era realmente poderosa y así era como realmente le gustaría ser.
Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó: ¡ ella sí que es realmente fuerte: quiero ser una roca ! Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.
Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedra que tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que era en un principio.