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domingo, 5 de abril de 2015

La Confianza

Un día de verano, estaban tres amigos caminando por una calle de Madrid, cuando uno de los tres dijo: "¿Qué haremos cuando nos separemos?". El otro le dijo que ellos tres serían el agua, el fuego y la confianza.
El agua dijo:
"Si me perdéis y queréis encontrarme, buscadme en lugares donde el agua sea abundante. En los prados o ríos, por ejemplo." Los amigos asintieron.
El fuego dijo:
"Si me perdéis y queréis encontrarme, buscadme en lugares calurosos y secos." Los amigos se sonrieron.
Por último, la confianza dijo:
"Si me perdéis, jamás volveré a aparecer."
Moraleja: La confianza, si se pierde una vez, ya es muy difícil volver a conseguirla, porque por una vez que te fallen, ya no vas a volver a confiar en la otra persona como antes.

sábado, 21 de marzo de 2015

El Tigre y el Fuego


Vivía el tigre a la orilla del río. Era el único que tenía fuego.
Los demás animales no lo tenían: comían la carne cruda. Un día,
los otros animales quisieron tener fuego y pidieron al tigre que
se los prestara pero él se negó a dárselo. Y como él siempre fue el
animal más feroz, le temían.
Ellos sabían que en tiempo de lluvia el tigre ponía fuego debajo
de la hamaca para calentarse. Para robarle el fuego, llamaron a
la lagartija diciéndole que fuera a la casa del tigre. Cayeron muchas
lluvias por la noche y le ordenaron que atravesase el río.
Lo atravesó en medio de la lluvia y se fue a la casa del tigre. Al
encontrarse, el tigre le preguntó a qué venía y la lagartija contestó
que a hacerle el favor de ayudarle a cuidar el fuego mientras él
dormía. Como caía mucha lluvia, todos los fuegos que se encontraban
dentro de la casa se habían apagado, y sólo quedaba el
que se encontraba bajo la hamaca. La lagartija se puso a ayudarle.
Viendo que el tigre se había dormido, se dio a apagar el fuego con
su orina, pero el tigre se despertó y le preguntó por qué estaba
apagando el fuego. La lagartija contestó que lo estaba cuidando,
pero que el frío lo estaba apagando.
El tigre volvió a dormirse. La lagartija pensó otra vez en apagar el
fuego con su orina, pero en cambio cogió para sí una chispa de fuego,
la metió en su cresta y huyó atravesando el río. Despertó el tigre
y divisó su fuego al otro lado del río, mas como él no sabía nadar
y el río había crecido mucho con la lluvia, no podía ir a buscarlo.
Así, pues, amaneció sin fuego. La lagartija llegó a donde estaban los
demás, y así tuvieron fuego mientras que el tigre dejó de tenerlo,
por lo cual ahora le toca comer carne cruda como antes les había
tocado a los otros.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La Princesa de Fuego

Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:
- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.
El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días