Mostrando entradas con la etiqueta Princesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Princesa. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de octubre de 2010

El Soldado y la princesa

Hubo hace mucho tiempo, un soldado de plomo, el cual se movia en la oscuridad de la noche. Cuando le tocaba atacar era certero, ya que el se acostumbro a moverse entre las sombras, sin ser notado por el enemigo. Él conocia lo que se ocultaba en las noche, despues de que la luna se escondia y que las estrellas se habian apagado... Su corazon de plomo, permanecia impacible despues de cada batalla, el haber perdido a su amada en una noche de otoño habia ocasionado que el soldado de plomo se refugiara en la penumbra silente para hacer su trabajo. Solo una estrella lo alumbraba y callado esperaba.

Un buen dia, se fijo en la princesa del reino. Y no fue en un dia, ni en una semana, pero poco a poco el Soldado de plomo se encariño de ella. Velaba su sueño sin que ella lo supiera, se quedaba en la madrugada en su puesto vigilando su ventana. Siempre en las sombras, siempre anonimo. Veia a los pretendientes de la princesa y aun cuando la hacian llorar nunca dijo nada, hasta una noche en que la luna brillaba en plenitud y alumbraba los ojos del soldado. Fue un simple te amo, y para muchos no tendria gran valor. El soldado de plomo no sabe a ciencia cierta lo que para su amada significo. El tiempo siguio su curso y el soldado de plomo, cuando no estaba en batalla al pie de la ventana de la princesa espero... No importaba si llovia, no importaba el calor. Y en la madrugada con el frio, el soldado encontraba confort, pues al velar el sueño de la princesa el soldado encontro una nueva ilusión.

Un buen dia, la princesa, esperarla le pidio, pues su corazon dañado estaba y el soldado simplemente y como siempre, al pie de su ventana espero. Dicen que el amor puede cambiarlo todo, pero al paso un par de meses cuando en una noche mortal en que el Soldado peleaba en la sombras vio a su adorada princesa en los brazos de un heredero de un reino vecino... El Soldado su trabajo termino. Tomo sus cosas y en la noche se perdio.

La princesa hablo con el... ¿Que diferencia podia significar el esperarla un mes o un año, a que su corazon sanara? El Soldado simplemente no respondio nada, Un te quiero entonces, una sonrisa, una mirada y el la suave lluvia su rostro mojaba. Mas el soldado, no emitio palabra.

La princesa nunca supo realmente lo que perdio, El soldado de plomo entonces, a las sombras regreso y solo de vez en vez, cuando ella no esta mirando, una mirada quiza, una sonrisa perdida, el soldado le regala un instante de su vida. Vigilante el soldado en la noche esta, acompañado de la estrella que nunca lo ha dejado de acompañar...

domingo, 19 de septiembre de 2010

La Princesa de Fuego

Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:
- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.
El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días