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lunes, 14 de septiembre de 2015

El Grano De Cafe


Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó huevos, en la otra zanahorias y en la última colocó unos granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, colocó el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija, le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café" contestó ella. Él le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y comentó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de que ella le quitara la cáscara, observó el huevo duro. Seguidamente, le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma y sabor.

Humildemente, la hija preguntó: "¿Qué significa todo esto, padre?". Él le explicó: "Los tres elementos se han enfrentado a la misma adversidad, el agua hirviendo. Sin embargo, cada uno ha reaccionado de manera diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte y dura, pero después de pasar por el agua hirviendo se ha vuelto blanda y débil, fácil de deshacer. El huevo llegó al agua hirviendo frágil. Su fina cáscara protegía su interior líquido, pero después de estar en agua hirviendo, su interior se ha endurecido. En cambio, los granos de café son únicos. Después de estar en agua hirviendo, han sido ellos los que han cambiado el agua."

"¿Cuál eres tú?" le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, que parece fuerte, pero cuando la adversidad y el calor la tocan se vuelve débil y pierde toda su fortaleza? ¿Eres presa fácil?"

"¿Eres un huevo, que comienza con un corazón blando y poseyendo un espíritu fluido, pero después de una prueba de vuelves duro y rígido y comienzas a cuestionar a Dios? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?"

"¿O eres un grano de café? El café cambia el agua hirviendo, el elemento que causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café cuando las circunstancias son adversas, vas a cambiar las circunstancias como el grano de café cambia el agua. Recuerda, las circunstancias no deben regir tu vida, pues Dios está por encima de cualquiera de ellas, y para él no hay nada imposible."


Y tú, ¿eres zanahoria, huevo o café?

lunes, 8 de junio de 2015

El Niño y La Montaña


Érase una vez un pequeño que tenía ganas de llegar a la cima de una montaña. Y comenzó el camino ¡y paass! que se resbala. Se pone a llorar y gritarle a la vereda. Avanza unos metros ¡y paass! se raspa los brazos. Se detiene, se pone a llorar y se enoja contra los arbustos. Sigue avanzando ¡y zaas! comienza a llover “maldita lluvia”. Se detiene, se enoja y se queda detenido por unos minutos.

Y entonces un ángel baja y le dice “¿por qué enojarte contra la naturaleza? Así la creó Dios. Si quieres llegar a la montaña ¿qué te conviene hacer?”.

A lo que el pequeño respondió: “me siento muy enojado porque los arbustos me dañan y la vereda hace que me tropiece, pero si sigo parado y llorando ¡seguiré aquí! y yo lo que quiero, es llegar a la cima y contemplar las estrellas desde ahí”.

El ángel replicó: “La vereda te hará caerte, los arbustos seguirán hiriéndote y la lluvia mojándote, que harás de diferente, entonces?”

“Soportar y seguir avanzando” respondió el niño. “Cada vez que la lluvia me moje, aunque no me guste, pensaré que quiero llegar a la cima, cada vez que el arbusto me hiera, aunque me duela, pensaré en la visión desde la cima que me espera cuando llegue ¡que tonto he sido! cada minuto que me paro y me pongo a llorar, es un minuto que desperdicio en avanzar. No volverá a suceder.”

Las dificultades en el camino del pequeño siguieron siendo las mismas. No era agradable, pero la diferencia, es que mantenía la visión de la cima y eso le daba fuerzas para seguir.


¿Llegó? No lo sabemos. Pero entender que la naturaleza era así y seguir avanzando a pesar de todo, hizo un mundo de diferencia en su vida.