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lunes, 22 de junio de 2015

Vivir El Presente


Un día, un hombre se encontró con un sabio anciano por la calle. Se acercó a él y le preguntó:
-Dicen por ahí que eres la persona más sabia de aquí… ¿es verdad?
-Sí, lo soy- respondió el sabio.
-Entonces, contéstame: ¿qué puede hacer un sabio como tú que no pueda hacer cualquier otra persona?- preguntó el hombre, algo molesto.
El anciano estaba sorprendido por la pregunta de ese hombre y por poner en duda su sabiduría, así que le contestó:
-Cuando yo como, sólo como. Cuando duermo, sólo duermo. Y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo. Eso es todo.
-¿Y ya está?- respondió el hombre incrédulo.- Eso también puedo hacerlo yo, y no soy ningún sabio- añadió.
-Lo dudo mucho.- le dijo el sabio.- Seguro que cuando duermes, piensas en lo malo del día o lo que te espera la mañana siguiente. Cuando comes estás pensando qué harás más tarde. Y, cuando hablas conmigo, estás pensando qué respuestas me darás y qué me dirás, en vez de escuchar lo que te digo. Para ser sabio, el secreto está en vivir cada momento del presente, ser consciente de lo que vivimos y así poder disfrutar de cada minuto de la vida.

lunes, 18 de mayo de 2015

El Arbol que Perdio su Infancia


Pinto era un pino de Oregón que, desde pequeño, soñaba con ser grande. Su especie llegaba a alcanzar los sesenta metros.
Le habían dicho que la vista desde las grandes alturas era maravillosa. Sus amigos le mostraban distintas bellezas naturales, pequeñas plantas, flores, insectos, grandes animales y hasta personas, pero no les prestaba atención; iba creciendo y siempre sucedía lo mismo, lo único que le interesaba era lograr una gran altura.
Al llegar a la estatura deseada, confirmó que el panorama desde tan alto era espectacular. En las conversaciones con sus amigos, escuchaba cosas muy extrañas para él, hablaban de chicos jugando a la pelota, de perros que corrían, de abejas que se posaban sobre las flores, y cantidades de comentarios sobre seres que no llegaba a distinguir desde allá arriba.

Pero ya no pudo bajar para conocerlos, se los había perdido mientras esperaba llegar bien alto. El futuro es para soñar; el presente, para disfrutar.