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martes, 7 de abril de 2015

Las Ranas Pidiendo Rey

En una laguna, vivían tranquilamente unas ranas que se pasaban todo el día chapoteando. Un día, una de las ranas dijo:

– Necesitamos un rey que nos cuide

Entonces todas las ranas fueron a pedirle a su Dios Zeus que les enviase un rey.
Zeus, al oír esto, lanzó un rayo a un tronco viejo que estaba cerca al estanque. Las ranas al oír tremendo ruido se zambullían en el agua asustadas, solo una se acercó para conocer al rey que les habían concebido.

Pero al darse cuenta de que solo era un tronco flotando en el agua, llamó a sus compañeras e indignadas subían de una en una al tronco para ensuciarlo. Las ranas muy molestas le reprocharon a Zeus por no haberles enviado un verdadero rey.

Zeus al oír a las atrevidas ranas, mandó a una cigüeña, quién empezó a deborarlas una tras otra.

Las ranas otra vez muy molestas le rogaron a Zeus que las librara de tal peligro.

– Sufran las consecuencias de sus ruegos, ya tenían paz y armonía y quisieron un rey que los gobernase, ahora la cigüeña gobernará sobre ustedes.

Y  por eso las ranas se esconden cada vez que ven a una cigüeña arrepintiéndose de haber pedido un rey.


Moraleja del cuento: Si ya tienes paz y armonía no necesitaras más.

domingo, 3 de abril de 2011

La zorra y la cigüeña

Sintiéndose un día muy generosa, invitó doña zorra a cenar a doña cigüeña. La comida fue breve y sin mayores preparativos. La astuta raposa, por su mejor menú, tenía un caldo ralo, pues vivía pobremente, y se lo presentó a la cigüeña servido en un plato poco profundo. Esta no pudo probar ni un sólo sorbo, debido a su largo pico. La zorra en cambio, lo lamió todo en un instante.
Para vengarse de esa burla, decidió la cigüeña invitar a doña zorra.
-- Encantada -- dijo --, yo no soy protocolaria con mis amistades.
Llegada la hora corrió a casa de la cigüeña, encontrando la cena servida y con un apetito del que nunca están escasas las señoras zorras. El olorcito de la carne, partida en finos pedazos, la entusiasmó aún más. Pero para su desdicha, la encontró servida en una copa de cuello alto y de estrecha boca, por el cual pasaba perfectamente el pico de doña cigüeña, pero el hocico de doña zorra, como era de mayor medida, no alcanzó a tocar nada, ni con la punta de la lengua. Así, doña zorra tuvo que marcharse en ayunas, toda avergonzada y engañada, con las orejas gachas y apretando su cola.
Para vosotros escribo, embusteros: ¡ Esperad la misma suerte !