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viernes, 7 de diciembre de 2018

El cantero


Resultado de imagen para el canteroHabía una vez en el Japón un pobre hombre, simple obrero en las canteras. Su tarea era ruda, ganaba poco y no estaba contento con su suerte.

—¡Oh, si pudiese yo solamente ser algún día bastante rico para reposar sobre altas esteras, envuelto en un crujiente manto de seda...!
Así se quejó un día a los cielos. Y llegó a ser rico, y descansaba sobre altos tapices, envuelto en suaves mantos de seda.
Acertó a pasar el emperador. Iba precedido de exploradores a pie y a caballo, y seguido de una brillante escolta de caballeros y rodeado s de gentes que sostenían sobre su cabeza un parasol resplandeciente de dorados.
—¿De qué me sirve ser rico, murmuró el cantero, si no tengo derecho de salir con una escolta y proteger mi cabeza con un parasol de oro? ¿Por qué no soy emperador?
—Lo serás—dijo el genio.
Y en efecto, fue emperador. Llevaba una escolta de caballeros delante y detrás de sí, y gentes que sostenían sobre su cabeza un gran parasol de oro.
El Sol, sin embargo, desecaba las campiñas con sus ardientes rayos, y el polvoso camino reflejaba su brillo y lastimaba sus ojos.
—He aquí las ventajas de ser emperador—dijo éste; hay que sufrir que el Sol nos agobie todo el día con su fuego. Si fuese el Sol, ¡qué dicha!...
—Mira, ¿estás contento?—le dijo el genio después de convertirlo en el Sol.
Aquel Sol lanzaba sus rayos a derecha e izquierda, por todos lados en torno suyo. Quemaba las hierbas de la tierra y la faz de los príncipes de ella.
Con todo, una nube vino a interponerse entre él y la Tierra, rechazando sus rayos e impidiendo que llegasen a ésta.
—Conque sí —exclamó el Sol, —¿conque una nube es, pues, capaz de resistir mi poder? Entonces, más valía ser nube.
—¡Que sea!—dijo el genio.
Y la transformación se operó inmediatamente, y la nueva nube se coló altiva entre el Sol y la Tierra y se complació en interceptar sus rayos, de modo que la tierra reverdecía a su sombra.
Después hizo caer algunas gotas de agua sobre los campos y luego aguaceros y trombas, de tal modo, que los torrentes se desbordaron y los ríos se esparcieron en las campiñas y las devastaron. Ya nada resistía a la fuerza de la inundación; sólo una roca, perfectamente inmóvil, la dominaba. En vano los torrentes mugidores la azotaban con furor, la roca no se movía, y las olas espumosas morían a sus pies.
Entonces dijo la nube:
—Si una roca me impone la ley, más valía estar en su lugar.
—Vas a estarlo— le dijo el genio.
Y he allí a la nube transformada en roca dura, inquebrantable, insensible a los rayos del Sol, indiferente a los torrentes de las lluvias y al choque de las olas tumultuosas.
Sin embargo, distingue a sus pies a un hombre de pobre apariencia, mal vestido, pero armado de una pica y un martillo; y aquel hombre, por medio de sus instrumentos, le quita, golpe a golpe, gruesos trozos de piedra, que labra en seguida.
—¿Qué es esto?—exclamó la roca. —¿Tiene un hombre poder para arrancar trozos de piedra de mi seno? ¿Sería yo más débil que él? Entonces, es de todo punto preciso que vuelva a ser hombre.
—Que se haga tu voluntad—dijo el genio.
Y volvió a ser, como antes, un simple obrero en las canteras. Su tarea era ruda, ganaba poco; pero estaba contento con su suerte.

jueves, 28 de julio de 2016

LA FARMACIA

asrudín estaba sin trabajo y preguntó a algunos amigos a qué profesión podía dedicarse. Ellos le dijeron:
-A ver Nasrudín... Tú eres un hombre muy capaz y sabes mucho sobre las propiedades medicinales de las hierbas. Podrías abrir una farmacia..
Nasrudín volvió a su casa, le estuvo dando vueltas a la cuestión durante unos días, y finalmente se dijo: "Sí, es una buena idea, creo que soy capaz de ser farmacéutico". Claro que Nasrudín estaba pasando por una época en la que deseaba ser muy prominente e importante. "No solo abriré una
farmacia que se ocupe de
hierbas. Abriré un establecimiento enorme y produciré un gran impacto...".
Cuentos orientales

Entonces compró un local, instaló los estantes y vitrinas, y cuando llegó el momento de pintar la fachada colocó un andamio, lo cubrió con sábanas, y se puso a trabajar sin que nadie pudiera ver nada. A nadie le dejó ver cómo estaba pintando la fachada y qué nombre pondría a la farmacia.
Después de unos días distribuyo panfletos que decían: "Mañana es el gran día. Inauguración: mañana a las 9".

Todas las personas del pueblo y de los pueblos de los alrededores vinieron y se concentraron expectantes frente a la farmacia.
A las 9 en punto salió Nasrudín y, con gesto teatral, sacó la sábana que cubría la fachada de la tienda. La gente que allí estaba vio un gran cartel que decía:
"FARMACIA CÓSMICA Y GALÁCTICA DE NASRUDÍN"

Debajo, con letras más pequeñas: "Armonizada con influencias planetarias".

La gran mayoría de personas que asistieron a la inauguración quedaron muy impresionadas. Aquel día hizo mucho negocio, la gente no dejaba de comprar. Por la tarde el maestro de la escuela del pueblo le visitó y le dijo:
-Francamente Nasrudín, estas afirmaciones que usted hace son un poco dudosas...
-¿Dudosas por qué? -respondió Nasrudín-.
-Eso de cósmica y galáctica, y armonizada con influencias planetarias, francamente...
-No, no, no, no... -dijo Nasrudín- Todas las afirmaciones que yo hago sobre las influencias planetarias son absolutamente ciertas. Cuando sale el sol, abro la farmacia. Cuando el sol se pone, la cierro.