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jueves, 28 de mayo de 2015

Recuerdos De La Vida


Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro departamento junto a las vías del tren elevado. Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche.Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo. Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido reclutado. Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.
Mi padre había hablado de su rabia. No quería que “ellos” se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa.  Puso sus manos en mis delgados hombros.-Ten cuidado, Jorge, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:-Te quiero, hijo mío.Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareció en la noche.Un mes más tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió.Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto. Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él. Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias.Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo:“Te quiero, hijo mío”

lunes, 20 de abril de 2015

Con Todas Tus Fuerzas

Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.

- “¿Has empleado todas tus fuerzas”, le preguntó el padre.

- “Sí”, respondió el niño.

- “No”, replicó el padre. “Aún no me has pedido que te ayude”.

Bruno Ferrero

miércoles, 13 de octubre de 2010

A mi hijo

Hijo mío, hace poco abriendo el libro de mis recuerdos, encontré una carta que para ti escribí, antes de conocerte, antes de hacer realidad mi sueño de adolescente.
En aquel entonces te materialicé para escribirte estos deseos, y hoy que estás conmigo, no he dudado en volver a escribirte.
Cuando pensé en ti, sembré un árbol con la intención de que juntos nos cobijáramos bajo su sombra refrescante y platicáramos sobre tus triunfos y derrotas.
Cuídate del mañana, está lleno de promesas.
Aún cuando se afirme que el mañana no existe y que solo es fantasía, a pesar de todo, siempre habrá un mañana en tu vida y probablemente esté lleno de engaños, de mentiras, falsedades, intrigas, maldades, desengaños y traiciones.
Mientras tanto, disfruta de tu presente, de tu mundo de inocencia y candor.
Si el creador te permite crecer, entenderás la diferencia entre lo bueno y lo malo, entonces comprenderás los errores de mi vida.
Da gracias a Dios, porque cada día te permite arrancar una hoja al calendario de tu vida, esto fortalecerá tu espíritu y estarás en comunión con EL. Nunca acuses, ni señales al azar.
Practica exámenes de conciencia, así, tendrás menos posibilidades de castigar a inocentes o de liberar a los culpables.
Cuando alguien deposité en ti una semilla, abrígala, aliméntala, dale calor.
De esa forma, quien en tu ser la haya depositado, estará seguro de cosechar lo que sembró.
Además pequeño mío, no defraudes a los tuyos para que no te sientas defraudado.
Recuerda que la gratitud, el respeto, el cariño, la nobleza, la sencillez y la humildad, son los valores más sagrados que todo hombre debe conservar.
Escucha la voz de la experiencia, muchos tendrán algo que contarte, esto te permitirá analizar los errores y tendrás más posibilidades de triunfar.
Hoy no eres más que un débil pajarillo. Cuidaremos de tus alas, para que cuando surques el horizonte de la vida, ninguna tempestad borracha de aire juegue contigo.
Algún día recorrerás el mundo y estarás preparado para enfrentarlo, con valentía y decisión.
Así pequeño mío, cuando contemples en el cielo a los pajarillos, cuando siempre los veas volar, recuerda que cuando eran unos indefensos polluelitos, sus padres los enseñaron a volar…
Cariñosamente, tu padre, tu amigo, tu... todo.